1. Rita y Eva… (La joven y la pianista)


    Fecha: 28/04/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos

    ... Necesitaba tomar algo fuerte. Mis oídos no daban crédito a sus vivencias, solo por mis estúpidas estructuras. Pero me estaba mojando como nunca. Tenía que controlar mis ganas de tocarme el clítoris y apretarme las tetas hasta olvidarme de mi nombre entre sofocones y orgasmos. Yo sabía que Eva no se masturbaba. Sin embargo, mientras me servía una copita de gin le eché un vistazo, y contemplé su cuerpo en ropa interior repleto de suspenso. Tenía su bombacha rosa tan mojada como la mía.
    
    Prosiguió en cuanto me metí en la cama. Rita notó su poca resistencia y escondió sus manos bajo su musculosa mientras le daba pequeños besos en el cuello. Eva tenía los ojos empañados, y casi dio un salto cuando la mujer le lamió una oreja murmurando: ¡sos tan dulce y sumisa mi bombona!
    
    Las piernas de Rita se ajustaban más a su trasero, el fuego de su vientre chocaba más con la intersección de sus redondeces y sus dedos ya hacían un exhaustivo testeo de los pezones de mi hermanita encima de su corpiño. Eva admitió que sintió flotar su mente, que oía campanitas y un arrullo como de sirenas cuando la profe cerró el piano y le besó las manos.
    
    A continuación hubo un silencio de inocultable misterio tras una ínfima alarma de un reloj. Eran las 5 de la tarde. Pero Rita dijo que no tenía alumnos hasta las 7. Se levantó, y al tiempo que su pollera caía nuevamente a sus rodillas, Eva se ponía de pie frente al piano, pensando en marcharse. Pero Rita puso una mano en su nalga derecha y la otra ...
    ... sobre su pelo. Le pidió que abra las piernas, y apenas esbozó un suspiro al vislumbrar el elástico rojo de su culote que asomaba de su short. Eva reconoció sus mariposas en la panza, el hormigueo desde sus tobillos a su mentón, y la sensación de un intenso calor en su entrepierna que parecía mojarle la bombacha. Nunca se había sentido así, aunque a veces decía que se mojaba por Mariano, un chico del club que la atontaba mucho en las colonias de verano.
    
    Rita había perdido la calma. Apoyó su cara en la cola de Eva y le ofrendó un tierno mordisco, apenas tiró un poco de su short y se enterneció tal vez por la pureza de su aroma virginal. De inmediato le ordenó sentarse sobre el piano. Ahí Rita pudo quitarle la musculosa con la ayuda de los brazos inertes de mi hermana y desabrocharle el corpiño. Así como estaba, y luego de juntar sus dos pezones a sus labios la tomó de la mano y la condujo a una habitación amplia tras atravesar un pasillo florido.
    
    ¡sacate el pantalón y acostate!, pudo tartamudear mientras se mostraba ante ella solo con un corpiño sin aros color mostaza, con los pies sobre la madera lustrosa del piso y temblando.
    
    Eva no hizo solo por curiosidad me confió, aunque no podía creerle. Recién entonces cuando una brisa renovó el calor del ángulo de sus piernas sintió la humedad de su bombacha.
    
    ¡el algodón no se seca tan rápido si llega a caer una gotita de lo que sea en la bombachita, tengan cuidado!, nos decía mamá desde niñas, y ahora Eva le daba la razón. ...
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