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Ya soy el puto del equipo (I)
Fecha: 29/06/2021, Categorías: Incesto Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... los amigos a una iglesia a misa porque uno de ellos cumplía años, también 18, nos había invitado a todos su mamá, que es muy parroquiana ella, y nos pidió que fuéramos a la acción de gracias. Entré junto con los demás compañeros, salió el cura a saludarnos con un vestido ancho, largo y negro, lleno de botones desde el cuello hasta los pies y pregunté: «¿tan grande tiene su polla? Se rieron y el cura se fue; un poco en serio, en ese momento entendí eso de tener los huevos atragantados en la garganta. No sé si soy culpable, pero yo solo tengo 18 años, un calor enorme en todo mi cuerpo, una polla que sé para qué sirve pero que es enorme y que solo la uso para mear y para meneármela hasta cascármela del todo, echar la leche y volver a comenzar; pero me cuesta tanto eyacular que a veces me canso hasta de masturbarme. Mi abuelo me sorprendió masturbándome frente a su caballo y me dijo que me iba a enfermar y que estaba enseñándole malas cosas a su caballo. Como sufro muchos constipados tengo que sacar continuamente mis mocos por la nariz y la boca y lo hago con toallitas perfumadas, esas mismas que me sirven para limpiar mi polla cuando me masturbo. No entiendo que sacar los mocos sea bueno y masturbarse para sacar los mecos sea malo. Me puse a mirar fijamente al caballo que a su vez me miraba con indulgencia, moví cariñosamente mi cabeza y le dije al caballo: «No hagas esto que hago yo que te constiparás». El caballo dio un brinco y relinchó como si se burlara de mí. Entonces ...
... entendí todo lo que tenía que entender. Acababa de descubrir frente al caballo que a mis 18 años tenía todas mis hormonas en ebullición; en consecuencia, tenía que dominar mis nervios si deseaba eyacular antes de cansarme. Volvamos al fútbol, por favor. Entendedme; si el fútbol era una tortura para mí y mis amigos me habían inscrito en un equipo para el campeonato de la U, comprended la tortura que me suponían los vestuarios, culos, penes, piernas, pechos de todos los pelambres y sin pelambres, paseándose desde las banquetas hasta las duchas, desde las duchas a los lavabos, entreteniéndose conversando, poniéndose calzoncillos de todos los tipos y colores, pero con verdaderos paquetes, y yo allí deseando agarrármelos a todos y llevármelos a mi cama. No sé si alguien me entiende, pero para mí todo era un verdadero tormento. Lo peor no era todo eso, sino que como tipo alto que soy me ponen en la portería para parar los balones altos, que los bajos los frenaban ellos, decían. Pero yo sabía que tenía una polla tan descomunal, es decir, fuera de lo común que ya se burlaban de mí en mi época de colegio. Y así pasó también en la U. Todos hacían comentarios por lo bajo o atrevidos por lo alto, que me hacían subir los colores de la cara. Hasta que conseguí ser remolón, me busqué el encargo de revisar el campo para recoger el material que se dejaban y quedaba en el banquillo, aunque siempre era poco, pero hacía que me retrasara y eso era para mí como una tabla de salvación en medio ...