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El calvario de Luciana
Fecha: 27/07/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... fue el muy buen dinero que iba a reportarle la operación con esa mansión de La Horqueta y el departamento en Puerto Madero. Imaginó unas vacaciones en Cancún y eso fue como una inyección vitamínica que le permitió comenzar el día con un ánimo excelente. Mientras iba en el remís volvió a pensar en Graciela y la ya indisimulable atracción que su jefa sentía por ella. La arquitecta Graciela L, cuarenta y cinco años muy bien llevados, pelo rojizo, espeso y ondulado, ojos azules de mirar intenso, delgadez armoniosa y curvas donde deben estar. Se dijo que de ser lesbiana no dudaría en entregarse. “Pero no lo soy”, pensó. No, no lo era. Era, con sus diecinueve años, una chica muy atractiva y deseada por los hombres. La arquitecta Graciela era su primera admiradora femenina y el hecho de provocar esa atracción lesbiana la perturbaba. Llegó a la mansión puntualmente. Pagó el viaje y descendió del vehículo después de acordar con el conductor del remís que llamaría a la agencia para que le enviaran un auto a recogerla y llevarla a su casa. La mansión era invisible a sus ojos desde la vereda, porque la ocultaba un alto paredón gris. La puerta era de metal negro con el portero eléctrico a la derecha. Llamó y una voz de mujer le dijo con tono imperativo: -Abra. Empujó con algún esfuerzo el pesado portón para encontrarse ante un muy amplio parque con un sendero de lajas que llevaba hasta la puerta de entrada de la mansión de dos plantas. A derecha e izquierda el parque ...
... continuaba para recobrar sus grandes dimensiones hacia el fondo de la casa. Oyó ladridos y se asustó al imaginar que uno o varios perros guardianes vendrían a recibirla con intenciones inamistosas, pero nada de eso ocurrió. “Deben estar atados”, se dijo y continuó avanzando por el camino de lajas. Cuando llegó a destino no le hizo falta tocar el timbre., porque la puerta se abrió para dejarla ante una mujer de unos sesenta años, de cabellos grises peinados con rodete y enfundada en un traje sastre azul, camisa blanca y corbata gris. “Mmmmmmmhhhhhhh, qué marimacho”, pensó Luciana con cierto desagrado. La mujer la miró de arriba abajo, se hizo a un lado y le dijo secamente: -Pase y sígame. La señora la está esperando. Luciana la siguió a través de un amplio salón con mobiliario de estilo y pinturas clásicas en las paredes luego del cual había un pasillo con varias puertas. La mujerona se detuvo ante una de ellas y dio dos golpecitos. -Adelante. –autorizó una voz femenina de un muy atractivo tono grave. La mujer del traje sastre abrió la puerta, miró a Luciana y le dijo: -Entre. Luciana sintió que le estaban dando una orden y algo extraño y turbador se agitó dentro de ella. Dio dos pasos y escuchó cerrarse la puerta sus espaldas. La sala donde estaba era pequeña, amueblada con sobriedad y muy buen gusto. No tenía ventanas y la iluminación, discreta y cálida era proporcionada por una lámpara de pie alzada junto a un sofá de cuero negro donde estaba sentada ...