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El calvario de Luciana
Fecha: 27/07/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... la dueña de casa. A la derecha había una silla. Emilia Martínez Olascoaga aparentaba unos cincuenta años. Aun sentada se advertía su considerable estatura. Era delgada, de rostro fino y cabellos platinados con un corte a lo varón. No se puso de pie al entrar Luciana y, por el contrario, le indicó que avanzara hacia ella. Cuando la tuvo enfrente le tendió la mano y retuvo la de ella mientras luego de darle los buenos días le dijo: -Ahora sí siéntese, pero antes coloque la silla enfrente de mí. Silvia se sintió algo turbada por el tono autoritario que la dueña de casa había empleado y al mismo tiempo se dijo que esa mujer le resultaba familiar. Mientras ponía la silla en el lugar ordenado recordó que unos días atrás había estado en la inmobiliaria hablando largamente con la dueña en la oficina de ésta. “Claro. –pensó. -Fue ese día, seguramente, que arreglaron esta operación.” En ese momento la señora oprimió un timbre y muy poco después se escuchó a alguien llamar a la puerta. Era la mujer que la había recibido a su llegada. -Elba, traenos dos cafés. -Bien, señora. –dijo Elba y al rato volvió con los pocillos y los puso sobre una pequeña mesita ratona que previamente ubicó entre la dueña de casa y Silvia, que no lograba controlar una cierta inquietud que había empezado a sentir. Sus manos temblaban ligeramente cuando echó azúcar en el café y temiendo que ese temblor se repitiera al llevarse el pocillo a la boca optó por esperar. Alzó la vista y se ...
... encontró con los ojos negros de Emilia Martínez Olascoaga clavados en ella. Era una mirada penetrante, escrutadora, que la puso aún más nerviosa. Se movió incómoda en la silla y dijo: -Señora, preferiría recorrer la casa ya mismo para tasarla, es que no tengo demasiado tiempo y… -Calma, querida. -la interrumpió Emilia. –La arquitecta Laborde me dijo que usted vendría con todo el tiempo necesario para recorrer la propiedad, que trabaja los sábados hasta la una de la tarde y que hasta esa hora podría estar aquí porque no le ha ordenado ninguna otra tarea para hoy. ¿Acaso su jefa me mintió? No lo creo porque me pareció una mujer muy seria. Silvia se puso más nerviosa, comenzó a balbucear y finalmente dijo: -No… está… tiene razón, señora, es que… es que pensé que si… que si termino aquí antes de la una quizá pueda hacer algunas compras. Los ojos negros la dueña de casa seguían fijos en ella, con un brillo muy especial. -Pero, querida, ¿qué dice? Los sábados los negocios están abiertos todo el día. Silvia ya no supo a qué otra excusa recurrir para hacer su trabajo lo más pronto posible e irse, librarse de esa mujer que la perturbaba tanto y que había comenzado incluso a asustarla. -¿No va a tomar su café? –preguntó la anfitriona luego del primer sorbo a su pocillo. -No… no es que… nunca me ha caído muy bien el café. -Bueno, la comprendo, cuénteme de usted mientras bebo el mío. Luciana se asombró y desde el asombro no exento de inquietud dijo: -¿Qué ...