1. UNA HISTORIA DE ODIO… UNA HISTORIA DE AMOR (3)


    Fecha: 29/08/2021, Categorías: Incesto Autor: Barquidas, Fuente: SexoSinTabues

    ... fue a la cama; mandó a hacer gárgaras colcha y sábana, aventándolas de un tirón y, acto seguido, se soltó el cíngulo que por la cintura ceñía el albornoz, cerrándolo a cal y canto; la prenda, libre de ataduras, se vino a su natural posición abriéndose por el centro, con lo que quedo al aire, medianamente visible, su cuerpo desnudo a excepción de la braguita, el sucinto tanga en rosa pálido que al levantarse se vistiera. Luego, le tocó al albornoz seguir la suerte de colcha y sábana, tras desprenderse de él, esta vez ya de cara a su hijo, a su hombre, que estaba ya rojo de deseo, de pasión de hombre hacia ella, con su virilidad más tope que encaminándose a ello… Y, al fin, se bajó el minúsculo tanga, más pausadamente, más sensualmente que antes se desvistiera del albornoz, recreándose en ello, frente a su hombre, frente a su hijo, que ya babeaba mirándola, loco de pasión, de ánsias amatorias… Quedó, por fin, integralmente desnuda, y trepó a la cama… Gateó sobre manos y rodillas hacia la almohada, con voluntaria exhibición de ese culo que a Eusebio lo traía algo más que a mal traer, dándole, más que sensual, lascivo meneíto en voluntad de volverle bastante más loco de lo que ya estaba. Alcanzó la meta tan deseada y se echó boca arriba, con las piernas, los muslos, entreabiertos… • Amorcito mío; ¿quieres venir al lecho…a la cama, conmigo…con mamita? Si el desvestirse integralmente un hombre fuera deporte olímpico, Eusebio sería campeón mundial, indiscutible, en la materia, pues ...
    ... en bastante menos que se tarda en decirlo estaba en cueritates vivos, y con la “herramienta” algo más que desaforada; se fue a donde su madre le esperaba, más ansiosa que anhelante, y se subió a la cama; Ágata, al quedar él totalmente despelotado, y corriendo más que andando hacia el lecho, se preparó a recibirle como es debido, abriendo sus piernas, sus muslo, todo cuanto de sí podían dar, o, al menos, así ella lo pensó; el muchacho se encaramó arriba, colocándose, de rodillas, en medio de aquél glorioso Arco de Triunfo formado por sus piernas, sus muslos, abiertos de par en par. Se besaron, con infinita pasión; comiéndose, mordiéndose, devorándose, mutuamente como fieras encarnizadas. Ella metió sus manos, buscando la masculina “herramienta”; cuando la tuvo en su mano, la acarició suavemente, con delectación. La “cabeza” del “instrumento”, el glande, estaba a poco más que medio descubrir, con lo que, haciendo retroceder los pliegues del prepucio, la cabezota quedó enteramente desnuda, eso sí, cabeceando que era una vida suya, de Ágata… Seguidamente, tomó con los dedos pulgar e índice lo que era ya el indiscutible centro de sus femeninas ánsias, dirigiéndolo, justo, donde deseaba tenerlo, abriéndole paso a través dela maraña “boscosa” de su vello púbico, suave, sedoso, acariciador antes que hirsuto, abriendo con los dedos de su mano izquierda los pétalos que, a medias, velaban el interior, el cáliz, de aquella su flor de pasión, de su más íntima naturaleza de mujer. Obligado ...
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