1. UNA HISTORIA DE ODIO… UNA HISTORIA DE AMOR (3)


    Fecha: 29/08/2021, Categorías: Incesto Autor: Barquidas, Fuente: SexoSinTabues

    ... por sus dedos, aquél ariete embravecido cruzó las “horcas caudinas” de los entreabiertos pétalos, allanando la entrada al interior del cáliz, y él respondió como de un hombre se espera, pero de un hombre atento, solícito, con la mujer amante: Empujando, sí, con firmeza, con resolución por consumar la íntima unión, pero también con dulzura, dulzura inmensa, con tremenda delicadeza… Y Ágata se sintió llena; llena a rebosar… Y completa en su femenino ser de mujer… Se sintió mujer deseada…querida, amada por aquél hombre que era su hijo; su propio hijo… Exhaló un suspiro que era un “¡Por fin!. Por fin lo tengo… Por fin es mío… Y yo soy suya; enteramente suya” Se abrazó a él, pegándosele como lapa a roca, con sus brazos ciñéndole el cuello, con sus piernas, sus muslos, atenazándole en más que prieto dogal los masculinos muslos, las viriles nalgas, incluso, en vana vocación de fundirse, fusionarse con él en un todo, incrustarse ella en él, su feminidad en la masculinidad d su hijo, esa virilidad en lo más genuinamente femenino de su ser de mujer… Como si en ello, previamente, se hubieran concertado, ambos dos, al unísono empezaron a moverse, perfectamente sincronizados entre ellos, en el dulce, arrebatador, “baile de Venus”, del amor físico, sexual, retrocediendo ella cuando él, decidido, “tiraba p’alante”, hundiéndose, profundizando, más y más, en el fondo de aquél cáliz que le volvía loco, para facilitar, también más y más, la masculina penetración, y lanzando su pubis, su ...
    ... sexo, hacia adelante, en querencia de que, entre los de los dos, no hubiera solución de continuidad alguna, cuando quien reculaba era él, pensando en volver a la carga, con más ímpetu, más denuedo, al instante Ágata no estaba segura de si “aquello”, era real, lo estaba, en verdad, viviendo, o si todo no era más qu un sueño, una ensoñación de sus deseos, de sus afanes más profundos, del que acabaría por despertar, comprobando que “estuvo viva con la muerte, pero que estaba muerta con la vida”, parafraseando al poeta español, del Siglo de Oro, D. Francisco de Quevedo y Villegas, ese que asociaba el estar dormido con la Muerte, y el estar despierto con la Vida, en uno de sus poemas: “Mas desperté del dulce desconcierto,/y vi, que estuve vivo, con la Muerte;/ y vi, que con la Vida, estaba muerto”… Pero no era un sueño, una dulce, dichosa, ensoñación, sino una realidad como la vida misma… Lo veía, lo sentía, cómo él llenaba hasta bosar el “cáliz” de su femenina flor de mujer, haciendo de ella la mujer más feliz, más dichosa, más completa, del Mundo, la Tierra, el Universo sideral… Y cómo él, con su culito de mujer firmemente agarrado por sus manos, la atraía más y más hacia sí mismo, buscando un contacto sexual que más era empeño de fundir sus cuerpos, sus almas, en un solo cuerpo, en una sola alma, haciendo un todo perfecto de ambos cuerpos, de ambas almas, empeño que ella compartía al cien por cien, en ese ansia por incrustarse ella en él, incrustarle a él en ella misma, como ...
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