1. UNA HISTORIA DE ODIO… UNA HISTORIA DE AMOR (3)


    Fecha: 29/08/2021, Categorías: Incesto Autor: Barquidas, Fuente: SexoSinTabues

    ... rechinaba los dientes de lo enclavijadas que tenía las mandíbulas. Ella, enseguida fue consciente del empeño de él, su tremenda decisión de seguir y seguir y seguir, profundizando más y más para el portentoso placer femenino… Ágata le miraba con los ojos muy, pero muy abiertos, con una expresión en su mirada que lo mismo podía expresar tremendo estupor como casi espanto. Antes, cuando él empezó a arrear de firme, transparentando su decisión de ir ya a por todas, en directa búsqueda del cénit del mutuo placer sexual, ella puso a trabajar sus músculos vaginales, aprisionando bien aprisionado esa “cabezota”, el glande desnudo de la masculina virilidad, para ayudar a la conjunta conquista del común objetivo; pero, es que, ese trabajito que su experta vagina venía dedicando a ese suave, dulce, objeto de deseo que para ella era la tan gentil “cabezota” del miembro viril de su hijito de su alma, se convirtió en auténtica, delicada, labor de bolillos, por la forma tan exquisita que tomó esa vagina succionando y succionando sobre la “cabezota”, exprimiéndola como se exprime, hasta sus últimas gotas, un limón… Y así, a ver quién es el guapo que aguanta sin poner de su parte hasta la intemerata… En fin, que aquella especie de espingarda árabe que el niño de Ágata se gastaba entre sus muslos, antes de menguar tras la tremenda avenida que acababa de disfrutar, casi que creció, en volumen y grosor, penetrando más y más en aquél como como pozo sin fondo que cada vez más era la femenina ...
    ... intimidad materna, hasta que volvió a pasar lo que, irremediablemente, debía suceder, que, por fin, los dos estallaron en sendos orgasmos epopéyicos…homéricos, entre un concierto de bufidos, gruñidos, bramidos, rugidos de león furioso, barritados de elefante irritado al máximo, presto a atacar… Aullidos de loba en celo que acababan por trocarse en alaridos de persona posesa… Y allí fue también, como traca final a una sucesión casi interminable de variopintos fuegos de artificio, la cresta de la ola libidinosa en forma harto violenta, con los dos amantes buscando comerse, devorarse mutuamente, como fieras salvajes ávidas de sangre… Por finales, de aquél tumultuoso aquelarre de sexo desenfrenado salpimentado de violencia casi animal, los labios de ambos, algo más que tumefactos, sangrando casi abundantemente, en especial el inferior masculino, pues casi todo el gasto lo cubrió ella, puesta en aterrante locura de fiera hembra depredadora…una verdadera leona, auténtica tigresa, genuina gata montés Que así acabó él, señalado hasta la intemerata por los dientes de ella, en esos paréntesis formados por sus dos arcos dentarios, superior e inferior, marcados a fuego en la masculina piel, dejando, incluso, aquí y allá, por mejillas, cuello, hombros, pecho, rastros sanguinolentos donde los dientes hicieran carne, y con las espaldas aradas por las afiladas uñas femeninas, eso sí, cuidadísimas, limadas y recortadas a la perfección, puntiagudamente en las manos; bien esmaltadas en color rojo ...
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