1. UNA HISTORIA DE ODIO… UNA HISTORIA DE AMOR (3)


    Fecha: 29/08/2021, Categorías: Incesto Autor: Barquidas, Fuente: SexoSinTabues

    ... fuego, el tono que tanto le gustaba lucir en las uñas, lo mismo de sus pies como de las manos… Dos juegos de cuatro surcos, paralelos, uno junto al otro, profundos hasta rasgar la piel e incluso llegar a horadar la carne, provocando tenues hilillos de sangre que brotaba de los “surcos”, enrojeciéndolos…ensangrentándolos… Cuando la calma empezó a suceder a la fiera galerna, levantiscamente desatada, Ágata, deshecha, rota, desmadejada, desvencijada, descoyuntada, desjarretada, se derrumbó, inerte, sobre la superficie del lecho, mientras que Eusebio, en absoluto en mejores condiciones que su madre, se desplomaba sobre ella, como toro recién apuntillado. Además, los dos en las mismas condiciones, amén de rotos, deshechos, descuajeringados, con el rostro demudado, desfigurado, los ojos desorbitados, queriéndoseles salir de sus oculares órbitas, por efecto de la tremenda libido que les acució mientras se amaban…mientras disfrutaban, él de ella, ella de él…al máximo…como jamás, jamás, imaginó Ágata que fuera posible ser tan dichosa…tan rematadamente feliz, más que dichosa… Como jamás, pero jamás, esperó él, Eusebio, que en la vida, en la Tierra, se pudiera ser tan genuinamente dichoso… Como nunca soñó que la relación sexual entre dos seres humanos, un hombre y una mujer, pudiera llevarle a alturas tan eximias del placer… Del placer a todo ruedo, Urbi et Orbe… Y así fue transcurriendo la tarde, aquella tarde que fue su “Primera vez”, su momento nupcial, amándose, a brazo partido, ...
    ... a ratos, dormitando, abrazados, tiernamente unidos, otros momentos… Y eso mismo fue también la noche que siguió a la tarde, y el domingo que siguió a aquél glorioso sábado… Y todas, absolutamente todas, las tardes, las noches, que a partir de esa primera se siguieron, “per in saecula saeculorum, amén”. Además, sucedió que en absoluto se cortaron ante nada, ante nadie; eran, fueron, pareja conyugal, novios, marido y mujer, esposa y esposo, lo mismo de puertas adentro de su casa, como de puertas afuera, importándoles un bledo que las “buenas gentes”, tan “cristianas”, tan católicas, apostólicas y romanas ellas, dijeran de ellos dos lo que quisieran, que les señalaran con el dedo tan pronto salían de casa • ¿Se ha enterado usted, doña “Fulanita”, de lo de la Ágata y el Eusebio, su hijo? • ¡Hay!. ¡No me lo recuerde usted, doña “Menganita”!. ¡Qué vergüenza…qué escándalo, Señor, qué escándalo!. Y aquí, en nuestro propio barrio, en nuestra misma casa, como quién dice… Si, tengo entendido, que hasta duermen juntos… ¡Y desnudos, doña Menganita!. ¡Y desnudos!. Y lo mismo la Dª “Fulanita”, como la Dª “Menganita”, y hasta unas cuantas Dª “Zutanita” y algún que otro probo D. “Fulano”, D. “Mengano” y hasta D. “Zutano”, se hacían cruces, cuando les veían pasar, lo que no era óbice para que más de uno, más de dos y hasta más de tres de tan probos señores, echara unas miraditas a Ágata, la perniciosa pecadora, que ya, ya…. Hasta, incluso, cuando Ágata, toda orgullosa, comenzó a pasear, ante ...
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