1. MADERA Y FLORES


    Fecha: 30/08/2021, Categorías: Incesto Autor: sweet.ciro, Fuente: SexoSinTabues

    ... su vagina, negra y misteriosa para mí. Yo la veía y luego me analizaba, pues yo tenía pene, y era diferente. Sus senos eran hermosos y redondos, grandes y pesados pero fuertes, con pezones prietos que remataban en orgullosas puntas. Yo no tenía pechos, pero me comparaba. Eran grandes diferencias las de mamá comparada conmigo. Mi mamá se dio cuenta que había curiosidad en mi mirada y lo tomó por el camino natural. Me explicó el por qué de las diferencias y para qué eran la vagina y los pechos, todo enfocado a la reproducción. Mi imaginación volaba con sus explicaciones y me veía a mi mismo embarazado, amamantando un bebé y cosas así, absurdas pero creíbles en mi mente infantil. No se le ocurrió hacer notar que sólo las mujeres podían embarazarse y me quedé con la idea que podría sucederle a todos, a cualquiera. Terminó la ducha, la charla y nos fuimos a dormir casi mojados, para guardar la frescura. De nuevo me dejó dormir a su lado. Me puso un calzoncillo y me pasó de nuevo la toalla por el cabello. Ella regularmente se ponía un pantalon corto y una playera vieja para dormir cómoda, pero esta vez hizo algo que llamó mi atención. Se puso una pieza pequeña sobre el torso, casi transparente y que cubría hasta el pubis. Se puso también un calzón pequeño, con encajes y una fina tela le tocaba suavemente el pubis, haciéndolo casi visible. Ambas piezas de color blanco que transparentaban su carne, sus pechos. El calzón parecía que quería hundirse en la grieta de su sexo. Era la ropa ...
    ... que usaba cuando tenía hombre en casa. Debe haber visto algo en mis ojos porque se me quedó mirando y me explicó que hacía demasiado calor y que ella no podía dormirse en puro calzoncillo, como yo. Que al menos debía cubrir su pecho. Yo sólo le contesté que se veía muy bonita y le pregunté si vendría su novio esta noche. Sonrió y me dirigió hacia mi lugar de la cama. Duérmete ya, dijo, y me besó dulcemente en los labios. La oscuridad olía a jabón, a champú, a la piel de mi mamá. Las sábanas estaban húmedas y pesadas por el sudor de ambos. Oía la respiración de ella que se mezclaba con el sonido que iba y venía al vaivén del ventilador que giraba, nos tocaba la piel y nos lamía el calor del cuerpo. Al poco rato comencé a notar su respiración más relajada, como cantando en susurros intermitentes…si cerraba los ojos veía estrellas que se encendían y apagaban a lo lejos, muy profundo en mi. Mi mamá se quedó dormida rápidamente, vencida por el cansancio y la calentura del día. Estabamos frente a frente y su mano tocaba mi cadera. Si hubiera sido invierno hubieramos dormido abrazados, yo metido en sus senos calientes y reverberando el latir de su corazón. Pero hoy no, sólo me tocaba con la mano la cadera. El calor no permitía el abrazo, pero ella mantenía el contacto conmigo, al menos con una mano. A veces la subía o la bajaba, como acariciandome desde el sueño. Yo estaba despierto. No podía dormir. La respiraba. Respiraba su aliento en mi cara y el olor de su cuerpo limpio. De su ...