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MADERA Y FLORES
Fecha: 30/08/2021, Categorías: Incesto Autor: sweet.ciro, Fuente: SexoSinTabues
... cuerpo contra el suyo, mi boca en su espalda, mis manos viajando ciegas sobre la duna de su cadera. Mi sexo pequeño estaba duro y dolía. Me quité el calzoncillo y puse mi pene en el abismo de sus nalgas. Mis piernas tocaban sus muslos. Había lágrimas en mis ojos y algo parecido al llanto quería salirse de mi pecho. Me ahogaba. Un mecanismo, una orden oculta, un codigo dormido se activó en mí y comencé a mover mi cadera queriendo entrar en mi madre, quería meterme en ella y reventar como las granadas cuando caen maduras del árbol sobre la tierra mojada. La mano suave de mi madre tocó mis pequeñas nalgas. En el medio de la noche y el calor, mi corazón se congeló. Había despertado por lo fuerte del abrazo y las fricciones de mi cuerpo sobre sus nalgas. Se levantó de la cama y me miró sin calzoncillos, boca abajo y de cara a la pared, fingiendo dormir. Estaba mojado por el sudor. Temblaba. Mi madre tocó mi frente y sintió que ardía. Tiene fiebre, dijo en voz alta. Levantó mi cuerpo entre sus brazos y dijo “¡Despierta!”. Yo seguía fingiendo porque no sabía qué hacer, tenía miedo de su enojo. Me llevó a la ducha y abrió la llave. Abrí los ojos y tragué una gran bocanada de aire. Mi cuerpo era una brasa apagándose bajo el la regadera. Sentí una convulsión, un calambre inesperado en mis piernas, se tensaron mis manos. Los peces de luz volvieron en un nuevo torrente de miel transparente que mi madre no supo ver, porque se los llevó el agua de la ducha. Después de esa noche, mi mamá no volvió a dejarme dormir con ella. Supuso que el calor de su cuerpo me afectaba, como el calor a las flores y el sol a la madera.