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MADERA Y FLORES
Fecha: 30/08/2021, Categorías: Incesto Autor: sweet.ciro, Fuente: SexoSinTabues
... cabello brotaban flores y esencias de madera que entraban en júbilo con cada oleada del ventilador. Me acerqué y olí la rebeldía de sus pechos liberados, le di suaves besos en los pezones que parecían querer volar. Mi boca recordó la noche en que llegué al mundo y por instinto, pero con nueva malicia, comenzó a chupar la suave punta, saboreando con la lengua el terciopelo negro del pezón ahora endurecido. Mi mamá puso su mano en mi nuca y apretó mi cara contra su pecho, gimiendo en el sueño el placer libidinoso de amamantar al recién nacido, al hijo amado que le dio, sin que ella lo viera venir, el placer de dar leche y sentir al mismo tiempo la miel del orgasmo en el primer día de la maternidad. El cuerpo de mi mamá se arqueó levemente y me soltó. Gimió suave otra vez y tomó aire profundamente para volver a caer en el sopor del sueño, aliviada sin saber de qué. Yo cerré los ojos fingiendo dormir, pero ella no despertó. La oscuridad olía a flores, a espuma de mar, a piel de mujer. Bajé un poco más y besé su vientre, abracé con suavidad su cadera tersa, metí la lengua en su ombligo. El olor limpio de su sexo me perturbó. Por la posición de sus piernas no alcancé a besar su vagina, pero quería hacerlo. Metí la mano y rocé con los dedos la mancha de pelos debajo del calzón. Había humedad y fragancia, una hoguera. Hundí mi cara entre su pierna y su pelvis buscando ese mar revuelto que le adivinaba, quería lamer la humedad que le sentí con la mano, abrir la boca y tragarme la ...
... oscuridad dormida de su entrepierna. Mi cuerpo de niño temblaba y sudaba mientras por dentro se encendía un fuego dulce que quemaba la garganta, las orejas. Mil peces luminosos y tibios abandonaron mi cuerpo en un leve río de miel transparente que salío por mi pene duro. Sentí un placer que dolía y agitaba mi cuerpo. Mi voz se hizo de luz, despertando a mi madre. Fingí dormir, girando mi cuerpo boca abajo para ocultar lo que había eyaculado (no sabía realmente qué era) y me quemaba la piel. Mi madre acomdó sus pechos bajo la tersa transparencia, vio que estaba casi en sus rodillas y amorosamente me jaló metiendo sus manos en mis axilas, hasta la altura de su rostro, suponiendo que me moví en algun loco sueño. Me dejó boca abajo con mi cara hacia ella y volvió a besar mis labios. Mi garganta estaba seca. Estaba a punto de llorar y no sabía por qué. Al fingir dormir, me dormí. No creo que pasara mucho tiempo cuando me despertó de nuevo el olor a flores y madera de su pelo. Ahora me daba la espalda, suave y larga como un suspiro. La prenda trepó hasta sus homóplatos y podía tocarla, pasar mi mano por su costillar hacia la cadera, imperceptiblemente, como un pelícano que pasa sobre un mar dormido. Tenía sujeto el calzón por un hilo que se perdía entre sus nalgas y renacía en V sólo cubriendo su sexo por el frente. No me había dado cuenta. Despacio, como una boa con hambre, me moví hacia mi madre. Respiré en su nuca. Besé su columna vertebral. Me detuve a media espalda y pegué mi ...