1. Balseros (VIII): Hormonas traicioneras


    Fecha: 26/09/2021, Categorías: Gays Autor: ThWarlock, Fuente: CuentoRelatos

    Me desperté sobresaltado y con frio. Pero no abrí los ojos aun, tenía sed, comencé a balbucear bajito Jaime ¿qué hora es? Jaime, Jaime… Por fin abrí los ojos desorientado, ¡oh! Estoy en Miami. No podía creer que ya hacía casi un año que me había escapado de Cuba en aquella lancha. Eso suele suceder a menudo cuando dejas todo lo que tienes y te lanzas a la aventura. La mía era mucho más audaz, me exponía a un nuevo país, una nueva cultura, y hasta a una nueva vida sexual.
    
    Luego de notar una erección propia de mis casi 24 años a la hora de levantarse, salí corriendo al baño para vaciar mi vejiga que ya me dolía de tanto aguantar toda la noche. Busqué a Yovany por todo el reducido apartamento, lo encontré vacío; éste no vino a dormir anoche me dije sin menor importancia. El reloj de la sala daba las 6.18 am. Así, sin ropa interior, me puse mi pantalón deportivo y una camiseta que tomé sin mirar en una gaveta, lucia gastada y vieja, pero no le di importancia. Tampoco le di importancia a que; por muy ancho que fuera el pantalón, se me marcaba algo, ahí donde todos siempre miran con disimulo para ver lo que tienes.
    
    Entonces, salí a correr por el barrio que estaba desierto, era sábado, todo estaba muy tranquilo y oscuro, las lámparas de la calle aún no se apagaban. Cuando trotaba, mi pinga me iba de un lado a otro y me rozaba con la tela, primero lo encontré delicioso porque en verdad no creo recordar nunca esa sensación y luego embarazoso cuando después de unas cuadras de ...
    ... trote, comencé a darme cuenta de que el roce de la tela en mi glande había provocado que mi pantalón luciera como carpa de circo en medio de la calle. Me avergoncé tanto que me fui a sentar y vine a hacerlo precisamente en la esquina de aquella panadería que nos deleitaba con su aroma todas las mañanas y que, hasta ahora, yo no entendía por qué no vendía su pan al público como otras. Esto no es normal, balbuceé, pero luego le eché la culpa a los tantos días de trabajo y poco placer sexual.
    
    En ese mismo instante sentí olor a cigarro, al mismo tiempo que se abría una de las puertas y sin tiempo a reaccionar tenía casi delante de mí a un tipo alto y fornido con cara de malo de película y un cigarro de medio lado en la boca. ¿Qué haces aquí? casi me gritó; para preguntar luego: ¿Que escondes entre las manos? Yo todavía sentado sin me, al oír el ruido de la puerta, me había tapado mis partes íntimas. En realidad sí escondía algo y era mi erección que no podía controlar en ese momento. Lo miré fijamente como con furia, por la pena que me estaba haciendo pasar y sentí una sensación caliente en la cara entonces supe que me había puesto rojo. El hombre sin quitarse el cigarro de la boca me miró nuevamente y comenzó a reír, había avanzado unos pasos más y estaba justo en frente de mí.
    
    Yo, que desde hacía algún tiempo, había aprendido a apreciar un buen cuerpo y unos buenos músculos; lo inspeccioné de abajo hacia arriba. Sus piernas, no las pude ver pues las cubría un ancho pantalón ...
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