1. Intercambio de parejas


    Fecha: 06/10/2021, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... Carlos, quien da un corto ronco grito, como si roncara o respirara más fuerte todavía, se sujeta la vibrante polla y escupe media docena de largos densos chorros de blanca lefa que impactan en la cara de su mujer, que está con la boca abierta y los ojos cerrados.
    
    Vaya pinta de guarra que tiene ahora mismo Cecilia con su cara manchada, con los ojos entrecerrados, impregnado el rostro por el semen de su marido, quien no se corta ni un pelo en decirle lo puta que es, y en ordenarle que abra la boca para que yo le eche dentro mi leche de hombre. Ahí va ¡Joder! qué bueno. Qué corrida más cojonuda. Me gusta el sexo, ¡me encanta!
    
    Nos hemos quedado los tres dormidos en la cama durante algunas horas. Cecilia se levanta para ducharse y, a su vuelta, me despierta suavemente con un beso en los labios y una suave caricia en mis testículos. Me levanta y me lleva de la mano hasta el sofá, en donde me hace sentarme recostado en uno de los brazos, con las piernas abiertas, de manera que en seguida se arrodilla en el suelo y se pone a lamer suavemente mi dormida polla.
    
    Cuando su lengua bien ensalivada lame mis testículos lentamente y un rato después sigue el camino hacia el agujero del culo, empieza a revivir mi pene. Tranquila, sin prisas, recorre muchas veces mi raja arriba y abajo, deteniéndose en el ano, empujando con la lengua, metiéndome apenas medio centímetro, hasta que empuja de manera decidida y mete lo más dentro posible su empapada lengua, moviéndola a derecha e ...
    ... izquierda, arriba y abajo, dentro y fuera, poniéndome muy cachondo, con ganas de mucho más, que se traducen en mi polla bien tiesa y dura de nuevo.
    
    Hago que Cecilia se tumbe en el suelo, sobre la alfombra, lamo sus tetas varias veces —me pide que mordisquee sin miedo los pezones, lo que hago intentando no pasarme de fuerza en la mordida— mientras compruebo que su coño está muy mojado, abre las piernas y guiándome con la mano le meto la polla empujando con intensidad, de manera continuada, lo más dentro que puedo.
    
    Me gustan los primeros momentos de metérsela a una mujer, notar su humedad, la suavidad algodonosa de una vagina levemente inflamada por la excitación, el calorcito que muchas de ellas desprenden, los movimientos de las caderas y el pubis para acomodarse bien la polla en su interior, el comienzo de la respiración alterada, los primeros gemidos… Follar es cojonudo.
    
    En la posición del misionero le estoy pegando un polvazo de la hostia. Mis brazos abrazan su espalda y sujeto las manos en los hombros para agarrarme y hacer más fuerza adelante y atrás. Ya hace rato que ella me abraza con sus piernas cruzadas a la altura del culo, empujando hacia abajo cuando yo lo hago, acompasándose perfectamente a mi movimiento de follada.
    
    Tenemos las cabezas juntas, así que mutuamente nos oímos las fuertes y rápidas respiraciones, sus breves quejidos de excitación y las frases en voz baja, entrecortadas, que dice en mi oído: soy muy puta, verdad, dímelo, llámame de todo, dime lo que ...
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