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La sesión de espiritismo
Fecha: 09/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
A la habitación la iluminaban tres velas blancas colocadas sobre una mesa a la que se sentaban un hombre y tres mujeres, estaban con los ojos cerrados y con las manos apoyadas sobre la mesa. Svetiana, la médium, después de rezar una oración para que no entraran en el círculo espíritus diabólicos, con acento ruso, dijo: -Esta noche estamos aquí para ponernos en contacto con el marqués de Sade. Las dos mujeres y el hombre, con una sola voz, dijeron: -Manifiéstate. Quedaron un par de minutos en silencio respirando el aroma a incienso quemado y mal oyendo música clásica. El silencio lo rompió un golpe seco sobre la mesa. Una de las mujeres, la más joven, con el susto, meó por ella. La música clásica les sonaba ahora a marcha fúnebre y el olor a incienso se hizo más intenso. Abrieron los ojos y la penumbra acojonaba una cosa mala. La médium les había dicho a las mujeres y al hombre que al contactar hicieran las preguntas con una sola voz, pero con el susto que llevaran se quedaran mudas. Dos o tres minutos más tarde, preguntaron a unísono preguntas que no habían acordado preguntar: -¿Quién eres? La médium, con acento francés y voz de ultratumba, dijo: -Donatien Alphonse François de Sade. Sin saber cómo ni por qué ya no sentían miedo, y preguntaron: -¿Es verdad que eras un sádico? -Ver sufrir sienta bien, hacer sufrir es aún mejor, si eso es sadismo, sí, lo fui. -¿Podríamos disfrutar de tu presencia? -Solo si me lo rogáis. -Se lo ...
... rogamos, aparece. -A su debido tiempo, ilusos. ¡Ja, jaa, jaaa! Después de oír aquella risa maléfica y de que sin correr una brizna de viento se apagaran las tres velas, apareció de nuevo el miedo. Quitaron las manos de la mesa, se rompió el círculo y el espíritu del marqués se fue. Una semana antes. Enriqueta, una joven de 18 años, rubia, alta, de ojos verdes, con buenas tetas, buen culo, cintura de avispa y anchas caderas, Teodoro, su padre, un cuarentón, alto y bien parecido, Rufina, la madrastra de Enriqueta, que era una cuarentona, morena, voluptuosa y bella y Svetiana, una morenaza rusa, amiga de Rufina estaban en un pub tomando unas copas. Algo perjudicada, le estaba diciendo Enriqueta a su madrastra: -... No sé qué le pasa a mi novio que casi siempre me deja a medias. -Los hombres tienen el aguante que tienen, y hacen lo que saben hacer. Yo también echo de menos un poco más de acción. A Teodoro no le sentó nada bien el comentario. -¿Cómo qué? -Cómo sexo anal, cómo azotes... -¡¿Te va ese rollo?! -Sí, tengo cogiendo polvo en un cajón de la cómoda las fustas, las pinzas para las tetas, las esposas, la mordaza... Tengo guardadas todas las cosas con las que me hacía disfrutar mi ex. Teodoro estaba desorientado. -¿Qué más cosas no sé de ti, Rufina? -Todo, de mí no sabes nada. Svetiana, viendo que la cosa se podía desmadrar, le dijo a Rufina: -Tú lo que necesitas es alguien cómo el Marqués de Sade. -¡Quién me diera haberlo ...