1. La sesión de espiritismo


    Fecha: 09/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... Teodoro se levantó de la cama, abrió el cajón de abajo de la cómoda y cogió una fusta. Volvió a la cama y le dio en el culo a su esposa, que era la que estaba encima haciendo el 69: "¡Zas, zas!" Se separaron cagando leches. Enriqueta, le preguntó:
    
    -¡¿Qué haces, papi?!
    
    Le largó en las tetas. "¡Zas!"
    
    -¡No repliques al marqués, bribona!
    
    Enriqueta miró para su madrastra, y le dijo:
    
    -¡Se ha vuelto loco!
    
    -No, tonta. ¿No ves que está jugando?
    
    Enriqueta le dijo a su padre:
    
    -¡No me gusta nada este juego!
    
    Teodoro tenía poca paciencia. Le dijo a Rufina:
    
    -¡Comedle la crica a esa novicia desobediente, abadesa!
    
    Enriqueta se echó boca arriba, y entregándose al juego, dijo:
    
    -¡Está barrenado, señor marques!
    
    Enriqueta, se quejaba, pero era de vicio. Rufina se metió entre las piernas de su hijastra, Enriqueta flexionó las rodillas y su madrastra comenzó a comerle el coño. Teodoro, vio que no tenía ni pajolera idea, y le dijo:
    
    -Habéis perdido, destreza, abadesa, dejadme a mí.
    
    Teodoro, que estaba solo con los boxers puestos, le dio la fusta a Rufina y ocupó su lugar.
    
    Al comenzar a comerle el coño le cayeron seis fustazos en el culo.
    
    Rufina le había dado con fuerza. Su cara decía que disfrutaba dando y la de Teodoro, que no se quejó ni una sola vez, que disfrutaba llevando. A Enriqueta le gustaba ver la cara de sádico de su padre. Le dijo a su madrastra:
    
    -¡Dale más!
    
    Rufina no le dio más, fue al cajón y cogió dos pares de pinzas con ...
    ... cadenas. Se puso una en cada pezón y le dio las otras dos a Teodoro. Enriqueta, dijo:
    
    -¡A mí no me ponéis esa mierda en los pezones!
    
    Rufina, le dijo:
    
    -Eres vainilla, nena.
    
    Enriqueta tomó las palabras de su madrastra cómo una ofensa.
    
    -¡¿Vainilla yo?!
    
    Teodoro se arrodillara y se iba a poner las pinzas en el forro de los cojones. Enriqueta se las quitó de las manos y se las colocó en sus grandes pezones... Teodoro comenzó a comerle el coño. Rufina fue al cajón, cogió dos consoladores y se los dio a Teodoro... Tiempo después, cuando ya los consoladores entraban y salían con suma facilidad de la vagina encharcada y del ano abierto Enriqueta, le dijo a su padre:
    
    -¡Me va a hacer correr, señor marqués!
    
    Teodoro paró de jugar con su hija. Salió con ella de la cama, la llevó hasta la ventana, la abrió y dejó a su hija desnuda, con sus bellas tetas en el balcón expuesta los ojos de los transeúntes que pasaban por la calle. Le volvió a meter un consolador en el coño, le acarició el clítoris con dos dedos y le folló el ojete con su lengua. Enriqueta, le dijo:
    
    -¡Qué cerdo es, marqués!
    
    Rufina, de pie, al lado de la cama, se masturbaba viendo cómo el padre le comía el culo a la hija. De repente, le comenzaron a temblar las piernas, se encogió con la mano cogiendo el coño, y se corrió cómo una perra. Enriqueta giró la cabeza, y viendo a su madrastra en el piso en posición fetal, jadeando y temblado, y sintiendo la lengua de su padre entrar y salir de su culo se corrió ...