-
A la próxima ¡me la metes! (5)
Fecha: 21/10/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
Escuché voces en el jardín. Me asomé por los cristales, abrí la puerta de vidrio y salí a la terraza que bordeaba toda la casa. Vi a lo lejos a Virgilio y a su hijo trabajando. Ellos me vieron y saludaron con la mano, les respondí del mismo modo. Entré porque aún hacia fresco con sol. Vi a Diego que me estaba mirando: — Has saludado a alguien… — Sí, a Virgilio y a su hijo… — Estás desnudo… — No es problema, piensan que me voy a la piscina y saben que ahí siempre nos bañamos desnudos. — Ah, ya. — Hemos de desayunar. Fuimos a la cocina y encontramos desayuno preparado. — Mucho te quieren. — Siempre ha sido así. Desayunamos, nos metimos a la ducha, nos tocamos, nos besamos, recordamos lo de la tarde anterior y le dije: — Me va a gustar que me la metas. — Cuando quieras. — ¿Vamos a ver qué hacen?, —pregunté. — Me gustaría. Le presté ropa y nos pusimos un short y una camiseta cada uno y nos encaminamos a ver qué hacían. Nos saludamos brevemente. Estaban amontonando leña y de vez en cuando Virgilio cortaba los troncos grandes al tamaño de los que agavillaban. Sin más ni más, Diego se puso a ayudar a recoger leña. Yo, que no había hecho nunca un trabajo agrícola, me entró un poco de vergüenza y para superarla, me puse también a recoger leña. Estuvimos un par de horas y descansamos. Virgilio nos invitó a descansar y nos pasó una cajetilla de cigarrillos. Él sabía que yo fumaba de vez en cuando. Nos pusimos los cuatro a hablar. — ...
... Hemos avanzado dos horas nuestro trabajo gracias a vuestra ayuda. lo que queda es para amontonarlo yo y dejarlo aquí para quemarlo en la estufa el próximo invierno. Yo me voy a mi casa en mi bicicleta y Elio se queda con vosotros, el preparará comida y más tarde ya se bajará. — Si no es molestia, nos parece bien, —respondí. Ya eran las 12, estábamos sudados y hacía sol y calor primaveral. Invité a Diego y a Elio a la piscina. Nos fuimos los tres. Cuando llegamos, Elio se quedó rezagado en la puerta. Le invité a entrar: — ¿Qué te pasa, Elio?, —pregunté. — Si ustedes van a bañarse, yo igual les molestó… — ¿Has leído la nota, Elio?, —pregunté. — Sí, señor. — Eso lo guardas para mi padre, a nosotros nos tuteas y nos bañamos al mismo tiempo, a no ser que no te guste vernos desnudos, ahí te respeto. — No, no, a mí no me disgusta. Gracias. Nos desnudamos los dos, Diego y yo y, sin más dudas, se desnudó Elio. Nos metimos dentro, nadamos, charlamos un rato dentro y salimos a que nos diera el sol para calentarnos, pues el agua estaba tirando a fría. Elio nos miraba de uno a otro sin parar como prestando mucha atención a lo que decíamos; si era yo el que hablaba, a mí me miraba; si era Diego el que hablaba lo miraba a él. Se le veía como nervioso. Me fijé bien y como tampoco intervenía en nada le dije: — Elio, ¿en qué piensas? — Ah, ¿quien?, ¿yo?, no, en nada. — Puedes decir lo que piensas, no hay problema, nada es importante de lo que conversamos, ...