-
A la próxima ¡me la metes! (5)
Fecha: 21/10/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... mismo… — No es necesario que te molestes si permites a Elio que se quede y lo haga, luego veremos una película y como hace buen clima igual nos acompaña a dar un paseo, pero solo si te parece bien. — Claro que sí, seguro que a él también le parecerá bien; me alegra porque no es que tenga muchos amigos, creo que más bien no tiene, y me alegra que, sí, que se quede, —y no pudo hablar más porque se puso a llorar. — Gracias, Virgilio, pues aquí ya tiene dos amigos. Hasta pronto. Silencio total, los dos me miraban, sabían el resultado por mis «gracias» y por lo de «dos amigos», pero me miraban como esperando que explicara más. En este momento de total desinhibición, los tres teníamos las pollas lacias y caídas del todo. Los miré, vieron que me salieron unas lágrimas de los ojos y les pedí que se acercaran. Se levantaron, se acercaron y los tomé a los dos de los hombros y me los acerqué para besarles. Aunque estaban sorprendidos, reaccionaron devolviéndome el beso y poco a poco lo convertimos en un solo beso de tres jugando las tres lenguas entre sí. Total compenetración. Elio cerraba los ojos, Diego y yo nos guiñamos el ojo y los cerramos. Al rato, Diego me puso la mano en mis nalgas y poco más tarde Elio me puso una mano en mis nalgas y yo puse las mías acariciando las nalgas de ellos dos, me tropecé con las manos de ellos. Esperé unos segundos para gozarlo y comenzó mi polla a ponerse dura y con ganas. Muy suavemente me separé de ellos y luego con mis manos y sin ...
... hacer fuerza los separé. Nos fuimos a la piscina, porque los tres estábamos con calentura. Elio comenzó a nadar en serio y los dos le acompañamos, íbamos de un extremo al otro con cierta violencia en el ejercicio pero sin interés de ganar una carrera, íbamos muy iguales y como si hubiese sido una especie de sentido común a los tres, paralizamos la carrera para abrazarnos en la piscina y comenzamos de nuevo a besarnos. Estábamos cansados, salimos de nuevo a los sillones de mimbre. Elio sacó de la caseta tres toallas y puso una en cada sillón. Todo esto sin palabras. — Si tuviéramos una cerveza… Elio se levantó y en menos de tres minutos teníamos una lata cada uno en las manos. — Está visto que el que sabe aquí donde están las cosas es Elio, —dijo Diego. — Yo no sé tanto —dije— por esa manía de dármelo todo hecho. — Yo lo sé porque es una de las cosas que me encarga siempre mi padre, —dijo Elio. — Tu padre, tu padre…, qué bueno es tu padre y cuánto te quiere… — ¿Qué te ha dicho? — Que se alegra mucho que te quedes con nosotros porque no tienes casi amigos, y… — No tengo ninguno, —me interrumpió. — … Y yo le he dicho que ahora tienes ya amigos, y… — Qué, y qué… Diego escuchaba absorto deseando saber. — Y se ha puesto a llorar al decirle que tienes dos. — Mi padre no podía imaginar nunca que yo podría ser tu amigo y ahora habéis sido los dos los primeros en saber mi secreto. — Mis padres saben mi secreto, —dijo Diego. — Mis ...