1. Una noche movidita


    Fecha: 31/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Álvaro era moreno, alto, fuerte y huérfano y era amigo mío y de Alfonsito (Alfonsito me contó la historia y yo la escribo cómo si fuera él). Álvaro vivía con el clan de los Pichines, un clan familiar que en los años sesenta movía tabaco rubio en las costas gallegas. El patriarca del clan era su tío Severo y la matriarca su tía Marta. Tenían un hijo y una hija, jóvenes cómo él y cómo yo.
    
    La primera vez que fui invitado al pazo de los Pichines por mi amigo Álvaro, a las once de la noche, yendo de la cocina a mi habitación, escuché cómo le decía Marta a Severo:
    
    -La guardia civil ya cobró. Detendrán en el control a una furgoneta con 50 cajas de tabaco y dejarán pasar tres camiones con miles de cajas.
    
    -¿Dejará escapar al conductor?
    
    -Sí, Jaime escapará, está Pedro esperando por él cerca de allí en el sitio que acordaron. Está todo atado y bien atado
    
    -Nombrarte mi mano derecha fue un gran acierto.
    
    A Marta le interesaba más otro tema.
    
    -¿Llamaste a Gervasio?
    
    -Sí, haremos una fiesta en el puti club, ya sabes, para tener una coartada.
    
    -Sí, ya sé cómo son tus coartadas.
    
    -¿A estas alturas del partido no te irás a volver celosa?
    
    -No, pero siendo yo fiel cómo te soy no sé cómo llevas toda la vida siendo tan cabrón.
    
    -Eres fiel porque sabes que si me metes los cuernos no la cuentas.
    
    -Te soy fiel porque soy muy decente... Muy honrada... Muy señora.
    
    Severo sacó a pasear su prepotencia.
    
    -¡Y más te vale segur siéndolo! Me voy.
    
    -¿A follar con ...
    ... alguna puta?
    
    -Sí. ¡¿Pasa algo?!
    
    -No, nada.
    
    Dejaron de hablar y volví a mi habitación.
    
    La habitación de invitados donde yo dormiría esa noche era más grande que la casa de mis abuelos. Tenía un cuarto de baño donde los grifos de la pileta, del bidé y de la bañera eran de oro. La inmensa cama tenía cortinas de seda, (supuestos mosquiteros) televisión, un sofá y un tresillo, tres sillas tapizadas, una mesita, dos armarios, una cómoda. El piso era de madera de roble... Y no sigo, solo decir que tenía de todo y todo lujoso.
    
    Estaba con la luz pagada cuando vi que se abría la puerta y se encendía la luz. En la puerta, con los brazos abiertos y apoyada con las mano al marco estaba Marta, la fiel, la decente, la honrada, la muy señora. Tenía el pelo suelto y vestía con lencería de color negro, medias, liguero, bragas y sujetador. Solo había visto a mujeres vestidas así en las revistas guarras. La matriarca era de estatura mediana y estaba rellena. Sus piernas eran gorditas. Tenía algo de barriga y sus grandes tetas parecían querer romper las copas del sujetador. Sonriendo con picardía, me dijo:
    
    -¿Puedo pasar?
    
    Empalmado, le respondí:
    
    -El pazo es tuyo.
    
    Cerró la puerta y anduvo el trayecto que había desde la puerta a la cama caminando cómo una modelo (desprendía aroma a hierbabuena). Me destapó. Vio que vestía solo con unos calzoncillos en los que la cabeza de mi polla salía por la parte superior y latía haciendo que se moviese la goma. Me los quitó. Se echó a mi ...
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