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Mi novia Luci, de santa a puta (III)
Fecha: 06/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: KeyargaSama, Fuente: CuentoRelatos
Nota: Gracias a los que leyeron mis dos relatos anteriores, en especial a los que se tomaron la molestia de comentar, eso me motivó mucho para seguir escribiendo. Aquí está la tercera parte de la historia. Creo que es una buena conclusión para la historia de Luci. Quedó un poco larga, pero no quise dejar muchos cabos sueltos. Saludos cordiales. Entré al motel y busqué la habitación que mi esposa me había indicado. Me estacioné al lado de un Mustang rojo, subí por unas escaleras y toqué un timbre. La puerta se abrió y Luciana salió a recibirme con una sonrisa en los labios. Yo esperaba encontrarla empapada en sudor y leche, pero estaba vestida, maquilla y peinada, como si acabara de arreglarse, como si acabase de salir de la casa. Se me aceleró el corazón. Una cosa era verla en fotos y otra muy diferente, verla en vivo, vestida así, tan puta, tan sensual, con sus pantalones de cuero y sus tacones que hacían resaltar sus nalgas. La tomé de la cintura y le besé la boca y el cuello. —Amor, aun no es tarde —le dije—. Vámonos a la casa y hagamos de cuenta que esto nunca pasó. Te prometo que nunca hablaré al respecto. —No, Ismael, esto tiene que pasar —me agarró la verga—. Va a pasar. No hay vuelta atrás. Mira cómo te pones de duro. Estás bien puto enfermo. Me tomó de la mano y me llevó al interior de la habitación. Había una tenue luz rojiza, olía a perfume y sonaba una música sensual. Ernesto estaba sentado en un amplio sofá, fumándose un cigarro y bebiéndose una copa ...
... de whisky. Me examinó de pies a cabeza con indiferencia y me sentí tan avergonzado, que evité cruzar miradas con él. Estaba casi desnudo, solo llevaba un bóxer negro en el que se marcaba su enorme bulto. Su musculatura era impresionante: tenía pecho de toro, abdomen marcado, brazos enormes y piernas como troncos. Luciana me sirvió una copa, me encendió un cigarro y me hizo sentarme en el borde de la cama, frente al sofá en el que yacía Ernesto. Me dio un beso en los labios y me susurró al oído: «Disfruta el espectáculo». Entonces se dio la vuelta, se alejó contoneando las nalgas y comenzó a bailar al compás de la música. Se acariciaba el cuerpo y me sonreía. No había ternura en su mirada, solo lujuria. Primero se quitó las zapatillas y luego, lentamente, moviéndose como una golfa de putero, se despojó de la blusa. Desabrochó su pantalón y dejó que callera al suelo para después patearlo hacia mí. Me dejó contemplarla en lencería unos segundos, pero pronto me dio la espalda, caminó hacia Ernesto, se sentó anchada sobre él y lo besó. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, pero a su vez, un morbo inmenso. Mi esposa y Ernesto se besaban con pasión y deseo, como un par de animales, mientras él acariciaba sus nalgas, su cintura, su vientre y sus pechos. En ese momento me saqué la verga y comencé a masturbarme. Luciana se arrodilló, le quitó el bóxer a Ernesto y comenzó a mamarle su enorme pito, que exhibía unas venas monstruosas y apenas si le cabía en la boca. Mientras ...