1. Mi novia Luci, de santa a puta (III)


    Fecha: 06/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: KeyargaSama, Fuente: CuentoRelatos

    ... Ernesto, comenzaron a besarse como dos adolescentes. Mi esposa le acariciaba el bulto y él le acariciaba las nalgas.
    
    De pronto se separaron y entonces comenzó el conflicto. Ernesto se me quedó viendo con despiadada frialdad. Por primera vez en toda la noche, me dirigió la palabra directamente.
    
    —A partir de hoy, tu esposa será mi amante de planta —me dijo con desprecio—. Me la voy a coger dos o tres veces por semana. A veces te permitiremos ver, pero no siempre, que no somos tus juguetes. Se te avisa para que no tengamos problemas.
    
    Hasta ese momento, yo estaba extasiado por la lujuria de aquella noche intensa, por la excitación, pero semejante comentario me devolvió a la realidad.
    
    —Estás bien pendejo —le espeté de inmediato—. ¿Y se puede saber con el permiso de quién pretendes hacer eso? Una cosa es que nos hayas servido para cumplir una fantasía y otra muy diferente, que vayas a traer de puta a mi mujer.
    
    —No te molestes en querer recuperar algo de dignidad, cornudo —Ernesto tomó a mi esposa de la cintura y la acercó a él—. Luciana necesita un hombre de verdad, no a un pendejo que ocupa que otro se la coja para que esté satisfecha.
    
    —Es suficiente, wey. No va por ahí. Ya estuvo, ya nos vamos —me acerqué para llevarme a Luci, pero Ernesto se adelantó y se puso entre nosotros—. Ábrete, wey.
    
    —Puede que tú seas su marido, pero a partir de hoy, yo soy su hombre.
    
    El primer golpe se lo asesté en la garganta y el segundo en la quijada. Aturdido, confundido, ...
    ... Ernesto alzó la guardia y contraatacó, pero sus golpes eran lentos, torpes y ebrios, de manera que los esquivé uno a uno. No sé si fue porque él estaba tomado, o porque yo estaba cegado por la ira, pero pronto rompí su guardia con una lluvia de ataques frenéticos. Ernesto recibió tantos golpes en la cabeza, que cayó al suelo de espaldas. Estaba a punto de empezar a patearlo cuando Luciana, desesperada y con lágrimas en los ojos, se me acercó para detenerme.
    
    —Ya estuvo, Ismael. ¡Eres un idiota! ¡Tampoco tenías por qué pegarle! ¿Ya estás contento? ¿Ya te sientes muy hombre?
    
    —Pues la neta sí, sí me siento muy hombre, ¿cómo la ves?
    
    Pateé a Ernesto hasta que sus costillas crujieron. Le saqué el celular del pantalón y lo arrojé contra la pared. Obligué a mi esposa a subirse a la moto. Conduje a ciento cincuenta kilómetros por hora hasta que Luciana me amenazó con lanzarse si no me detenía. Me estacioné al lado de un riachuelo. Luciana salió corriendo hacia el agua, pero rápidamente la alcancé y la detuve abrazándola por la espalda.
    
    —¿Estás loca o qué te pasa? ¿Te ibas a aventar al agua? No me chingues, Luciana, ni siquiera sabes nadar bien. ¿Te ibas a matar por ese pendejo? ¡Responde, puta madre!
    
    —¡Suéltame, culero! ¡Suéltame! —Luciana se retorcía entre mis brazos con fuerza y furia, pero poco a poco se fue relajando—. Suéltame, Ismael, en buena onda. —de pronto, Luci estalló en llanto y se dejó caer sobre sus rodillas. Yo me hinqué a su lado y la abracé—. ¿Oh, dios mío, ...
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