-
Mi novia Luci, de santa a puta (III)
Fecha: 06/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: KeyargaSama, Fuente: CuentoRelatos
... qué hemos hecho? Dejé que Luciana sollozara en mi pecho mientras le acariciaba la espalda. Tardó algunos minutos en tranquilizarse, pero por fortuna volví a ver esa mirada tierna de la que estaba tan enamorado, aunque estaba llena de lágrimas. —¿Amor, podrás perdonarme por lo que pasó? —Me preguntó Luciana, con la cara roja por la vergüenza—. No era mi intención faltarte al respeto, solo quería que disfrutaras, pero Ernesto lo malinterpretó todo… Oh, mi dios, he sido tan, tan tonta… —No hay nada que perdonar, hermosa. Solo fue un desliz. Y no me molestó… lo que hiciste con él… Pero ese culero me quería humillar y eso es algo que no voy a permitir. Estate tranquila, que todo está bien entre nosotros. Más adelante, tal vez, podríamos intentarlo con otra persona… —No —me interrumpió Luciana con firmeza—. Todo esto ha sido un tremendo error y nunca se repetirá. Luci pasó algunos días algo apenada conmigo, ni siquiera se atrevía a mirarme a los ojos, pero cuando le regalé un ostentoso celular nuevo, las cosas volvieron, más o menos, a la normalidad. Veíamos películas, jugábamos nintendo, andábamos en moto y cogíamos en cualquier rincón de la casa, pero cada vez que yo mencionaba la posibilidad de repetir la experiencia con otra persona, mi esposa se enfurecía tanto, que me aplicaba la ley del hielo durante varias horas. Aquel tema se había vuelto tabú entre nosotros. Nuestros encuentros sexuales se vieron mejorados desde la noche del baile. En sí, nada había ...
... cambiado, pero tan solo con recordar a mi esposa siendo cogida por Ernesto como una zorra desgraciada, yo me podía tan caliente, que me la cogía por tanto tiempo y con tanta fuerza, que Luci quedaba completamente satisfecha. Y sin embargo, no podía sacarme de la cabeza la idea de repetir la experiencia, en un ambiente más controlado esta vez. En cierta ocasión, mientras cogíamos en el sofá de nuestra sala, aun a sabiendas de que podía generar un conflicto, le planteé la posibilidad. Esta vez, en lugar de enojarse, mi esposa se limitó a responder tranquilamente. —Quieres que yo coja con otro wey para tú poder cogerte a otra vieja, ¿verdad? —No, para nada. No va por ahí. Tú eres mi fantasía. Sentiré placer mirando tu placer. —Ay, aja, si bien que te ganan los celos. Además, al rato que te llegues a enojar conmigo, me lo estarás echando en cara. No quiero problemas. Pero si tú te cogieras a otra vieja, estaríamos a mano… —Esto no se trata de estar a mano, enserio. Solo… vuelve a hacer realidad mi fantasía… Te prometo que no te lo voy a reclamar y que no te lo voy a cobrar. Lo único que te pido es que sea con alguien cabal, no con un wey que vaya a salir igual de pendejo que el Ernesto. —Estás bien puto enfermo, pero lo voy a pensar, aunque no te prometo nada. A partir de ese día, para no hostigar a Luciana y darle tiempo para pensarlo, no hablé más al respecto. Estaba convencido de que, una vez que meditara las cosas, mi esposa accedería a mi propuesta. Ahora el ...