-
Mi novia Luci, de santa a puta (III)
Fecha: 06/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: KeyargaSama, Fuente: CuentoRelatos
... ella chupaba, él le quitó el brasier y se estiró para acariciarle las nalgas y meterle los dedos. Me dieron ganas de acercarme a mi esposa, quitarle la tanga y penetrarla en esa posición, pero no quise interrumpirlos. Ernesto tomó un condón de una mesita cercana y se lo puso. Luciana se levantó, se empinó y se quitó la tanga y los ligeros. Tenía cuerpo como de guitarra: unas caderas enormes y una cintura pequeña. Empujó a Ernesto para que se recostara, se montó sobre él y se ensartó su enorme verga, que entró sin problemas. Luciana soltó un gemido de placer. Ernesto la tomó de la cintura. Yo me masturbaba como loco, como un adolescente viendo su primera película porno. Mientras mi esposa lo cabalgaba, Ernesto le daba nalgadas, le chupaba los pechos y la llamaba puta. Me dio un poco de envidia, ya que conmigo jamás había hecho tal posición, quizá porque mi verga no era tan descomunal. No sé qué me excitó más, si los gemidos de placer de mi esposa, o el ver cómo tremendo pito le entraba y salía, pero sentía que iba a explotar, ya estaba a punto de venirme. Luciana y Ernesto cambiaron múltiples veces de posición, pero no parecían exhaustos. Al final, Luciana se arrodilló frente a mí y Ernesto le derramó su corrida en la boca, la cara y el pecho, mientras ella me veía y me sonreía. Me levanté y caminé hacia Luci con intención de que me la mamara, pero Ernesto me prohibió acercarme. No le di importancia. Derramé mi corrida en la alfombra. Las piernas me fallaron y caí ...
... hincado. Ernesto le dijo a mi esposa algo al oído, tras lo cual, ella se levantó, se acercó a mí y me besó en los labios. Al sentir ese asqueroso sabor a leche ajena, intenté separarme, pero ella me sujetó la cabeza con una fuerza inusitada. Fue una sensación por demás extraña. Me dejé llevar durante algunos segundos, pero no quería que Luciana tuviera una percepción errónea de mis deseos, de modo que pronto la aparté con firmeza. Ernesto parecía furioso, enardecido, pero mi esposa soltó una risotada, se acercó a él y se le llevó de la mano al baño. Los seguí, pero Ernesto, furioso, me cerró la puerta en la cara. No entendía qué pasaba; sin embargo, al poco rato salió Luciana para explicarme que sí me permitirían entrar, pero solo para grabarlos con el celular de Ernesto, que quería tener evidencia para mostrársela a sus amigos. No sé por qué, pero la idea de que mi esposa fuese exhibida como una puta, tal como Mar se exhibía para mí, me encendió de nuevo. Los grabé desnudos en el jacuzzi, con sus cuerpos llenos espuma, mientras se besaban, acariciaban y cogían como animales, sin el más mínimo pudor. Para ese punto, Luciana me ignoraba por completo. Al final, Ernesto se corrió en su boca y le ordenó que me besara, pero me negué con firmeza, cosa que a él no le hizo ninguna gracia. Poco después del amanecer, nos vestimos, recobramos la compostura y bajamos al estacionamiento para despedirnos. Ellos iban tomados de la mano y yo los seguía. Al lado del Mustang rojo de ...