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Mi novia Luci, de santa a puta (III)
Fecha: 06/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: KeyargaSama, Fuente: CuentoRelatos
... mames. Luciana: Pues sí, wey, pero el que se fue a la villa, perdió su silla. Ni modo. Así es esto. Necesito que me hagas el paro con mi marido. Distráemelo un rato, por fa, ¿sí? Melisa: No mames, wey, ¿cómo me haces esto? Se siente bien pinche culero. Prácticamente te estás aprovechando de mi desgracia. ¿Qué te parecería que yo aprovechara el momento para cogerme a tu marido? Luciana: ¡Pues cógetelo! Jejeje. Por mí no hay ningún problema. No soy celosa. Melisa: No me provoques, wey. Luciana: Si quieres intentarlo, adelante, pero no te vayas a poner triste cuando fracases. Mi marido solo tiene ojos para mí jejeje. Melisa: No seas ilusa, pinche Luci, parece que no conoces a los hombres. Luciana: Haz lo que quieras, wey, pero hazme el paro, de amigas. La neta me voy a coger al Leo. Distrae a mi marido. Melisa: Muy bien, pero después no quiero problemas entre tú y yo. Luciana: No te enojes, pinche Melisa jejeje. Mira, ya que calentaste al Leo para mí, te voy a dar un consejo para estar a mano. Si quieres calentar a mi esposo, platícale tus puterias, eso le mama el wey jejeje. Solo cuéntale una o dos historias y ya verás. Si hubiera estado pensando con claridad, me habría ofendido por la manera en la que Luciana había manipulado las cosas para que Melisa y yo termináramos encamados, pero estaba demasiado emocionado y demasiado caliente, de modo que no iba a desperdiciar la oportunidad que Luciana me había puesto en bandeja de plata. Regresé a la ...
... sala y Melisa me sonrió. Me acerqué a ella, la tomé de la mano, la hice ponerse de pie y la besé en la boca. Primero la tenía sujeta de la cintura, pero no tardé mucho en poner mis manos en sus nalgas y apretárselas. Su lengua en mi garganta se sentía sublime, así como su mano en mi entrepierna. Me quité la camisa y le quité a ella la blusa. Nos acariciamos los torsos desnudos. Sus pechos apenas si cabían en mis manos. —Vamos —me dijo ella con un susurro—, que te voy a enseñar el lugar donde me cogían mis primos y sus amigos. Me llevó de la mano hasta su habitación. Entramos besándonos y desvistiéndonos. Nuestros pantalones y zapatos cayeron al suelo. Melisa me hizo sentarme en el borde de la cama y me dejó contemplar su lencería translucida. Sus pezones eran hermosos. —¿Te pusiste esa madre para el Leo? —La pregunté. —Sí —reconoció ella—, pero me la quitaré para ti. Melisa se me acercó, se arrodilló frente a mí y me bajó el bóxer. Primero observó mi verga, luego la jugueteó y finalmente se la metió a la boca. La mamaba de manera magnifica, mirándome desde abajo con cara de puta, abriendo la boca solo lo necesario y lubricando con su saliva para facilitar el trabajo. Su lengua se movía en una especie de remolino sobre mi cabeza pelada. Yo solo gemía y me dejaba consentir. Todo parecía irreal, como en un sueño. Nunca me la habían mamado así, ni Luciana, ni Mariana. Melisa se levantó y se dio la vuelta. Me encantó cómo se le metía la tanga entre sus nalgotas. ...