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Mi novia Luci, de santa a puta (III)
Fecha: 06/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: KeyargaSama, Fuente: CuentoRelatos
... único problema era encontrar al candidato perfecto. No podía ser alguien del pueblo, ya que no quería que anduviésemos metidos en chismes. Y, al mismo tiempo, tampoco podía ser un completo desconocido, ya que no me podía arriesgar a que resultara igual de idiota que Ernesto. ¿Entonces quién? La respuesta llegó en el momento menos esperado. Mis padres celebraron su vigésimo quinto aniversario de matrimonio con una enorme fiesta en el patio de su casa. Yo invité a Leonardo para que me acompañara y mi esposa invitó a Melisa, cuyo marido, pensábamos, seguía embarcado. De vez en cuando, la muy maldita se me quedaba viendo y esbozaba una sonrisa burlona. Sin duda, por los mensajes que Luciana le había enviado la noche del baile, Melisa ahora me consideraba un cornudo patético, pero mientras no me lo dijera a la cara, por mí no había ningún problema. Obviamente, ella no sabía que yo estaba al tanto de todo. Melisa iba ataviada con un pantalón de cuero y una blusa bien entallada, que dejaba en evidencia su figura curvilínea. Era más alta, nalgona, chichona y rellenita que mi Luciana, pero sin llegar a ser gorda. Sin duda su plan era aprovechar la ausencia de su marido para, por fin, cumplir su fantasía de cogerse a Leonardo. Conversaban, bebían y reían como viejos amigos. De vez en cuando se toqueteaban las manos, los brazos y las piernas. La blusa de Melisa dejaba descubierta la espalda y Leonardo no perdía la oportunidad de acariciársela. Mi esposa y yo veíamos sus ...
... coqueteos y reíamos. —Me voy a coger a Melisa, wey —me dijo Leonardo en cierto punto de la fiesta, mientras ella y Luciana andaban por el baño—. Préstame una habitación de tu casa. —A huevo que sí. No hay ningún problema. Apenas regresaron las mujeres, Leonardo se llevó a Melisa a bailar, pero Luciana y yo nos separamos y fuimos a comprobar que todo estuviera bien entre los invitados, labor que nos correspondía como hijo y nuera de los festejados. Mientras iba de mesa en mesa verificando que todo estuviera bien, a veces desviaba la mirada hacia la pista, donde Leonardo y Melisa, aprovechando la oscuridad y el gentío, bailaban casi besándose. Me detuve en la mesa de mis padrinos para saludarlos. Una cosa llevó a la otra y terminé tomándome una botella con ellos. Mi padrino se enorgullecía de mí por estar estudiando la maestría y mi madrina lamentaba que no estuviera libre para su hija. Estuve sentado allí durante casi una hora, hasta que Luci, asustada y pálida, apareció ante mí. —¿Qué pasa, amor? —Le pregunté—. Parece que hubieras visto un fantasma. —Ven conmigo. La seguí hasta un rincón apartado. —No me preguntes cómo, porque no voy a poder responderte —me dijo—pero Ramón, el marido de Melisa, acaba de llegar a la fiesta buscándola. Está bien emputado y trae un machete. Me da miedo que la agarre a planazos si la encuentra. Lo hice sentarse en la entrada, le destapé una cerveza y le dije que iría a buscarla. —Hay que distraerlo mientras Leonardo se la ...