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El desahogo de Lucía
Fecha: 09/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Lucía miró el gintonic medio aguado que sostenía su mano derecha y del que apenas había tomado dos sorbos en media hora. Allí, parada junto a la barra viendo aquel nubarrón de cuerpos y cabezas que bailaban bajo las luces de la pista, se sentía tan fuera de lugar como un payaso en mitad de un velatorio. Empezó a arrepentirse de haber aceptado la propuesta de salir de marcha que le había hecho su amiga Julia. “Vamos tía, hace años que no sales. Te vas a apolillar...”. Tenía 48 años y era cierto que hacía años y años que no salía por ahí. Ni si quiera con su marido, con el que llevaba 22 años casada, la segunda mitad de los cuales habían transcurrido en una asepsia total impulsada únicamente por la más lamentable de las inercias. Vivían bajo el mismo techo, pero como dos desconocidos que parecían sorprenderse cada vez que se cruzaban por el pasillo. La marcha de su hijo hacía unos meses (se había ido a vivir con su novia) acabó de romper cualquier residuo de vínculo que pudiera quedar con aquel hombre del que se había enamorado con 23 años. Su vida se reducía a trabajar, un poco de pilates y vegetar en casa entre los incómodos silencios de su marchita vida conyugal. -¡Venga Luci, vamos a bailar! La voz de Julia atronó tras ella como la bocina de los coches de choque. Julia volvía del baño apurando su copa y levantando la mano para pedir otra al camarero, la tercera de la noche. Se había bebido ella sola una botella de vino durante la cena, así que ya iba sumergida un ...
... océano de euforia etílica. -Creo que yo paso, Julia. Ya no estoy para estos rollos... - dijo Lucía en tono triste. -¡Venga, coño! ¡Hemos salido para pasarlo bien, joder! -Me siento mayor para estas cosas, Julia. Creo que me voy a ir a casa. -¡Y una mierda! ¡Mira, yo voy a meterme ahí a ver cómo está el percal y en un rato vuelvo a arrastrarte! ¡Pobre de ti si no estás cuando vuelva! ¡Vas a menear ese cuerpazo de cuarentona que tienes quieras o no! Lucía vio cómo Julia se dirigió decididamente con su nueva copa en la mano hacia aquella masa informe que formaban los cuerpos a unos metros y desapareció engullida por ella. Tardaría una eternidad en volver a salir de ahí, y eso si, en su estado, era capaz de encontrar el mismo punto de la barra. “Cuerpazo de cuarentona”, pensó irónicamente Lucía. Tenía 47 años, un rostro que, a pesar de estar surcado por alguna que otra arruga, seguía conservando su belleza, un pelo rizado cuyas canas ocultaba bajo un tinte rojo cobrizo que realzaba sus ojos azules, unos pechos grandes que aún mantenían algo de su firmeza a pesar de los años, unas caderas que se habían ido ensanchando pero que, curiosamente, le servían para seguir estilizando una cintura que también había ganado algo de volumen con el tiempo, un culo que aún mantenía cierta redondez a pesar de algo de celulitis y unas piernas aún tersas para alguien de su edad. Se había puesto un bonito vestido azul entallado y algo escotado que tenía olvidado en el fondo del armario ...