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El desahogo de Lucía
Fecha: 09/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... y que creía que no le entraría pero, para su sorpresa, le había ajustado más que bien. No aparentaba ser mucho más joven de lo que era, pero no había duda de que aún tenía un cierto atractivo. Aunque, en su cabeza, era un vieja acabada a la que ni su marido ya se follaba. -¡Anda, vecina! ¿Qué haces aquí? Un voz juvenil sacó a Lucía de su ensimismamiento. Giró la cabeza y descubrió el semblante sonriente de Jorge, el hijo de sus vecinos Juan y Montse. -Hola, Jorge. Pues no lo sé muy bien, jajajaja – contestó Lucía medio avergonzada. Jorge se abalanzó sobre ella y le dio un abrazo. Lucía se quedó algo parada ante tanta efusividad, pero se dejó achuchar por su joven vecino. Era un chaval de 18 años simpático, y Lucía le tenía cariño tras tantos años de convivencia vecinal. -No te imaginaba yo por discotecas de este tipo jajaja – dijo Jorge separándose y mirándola de arriba a abajo – y qué guapa te has puesto jajaja. -Sí, vamos, las galas jajaja – contestó Lucía sarcásticamente ante las observaciones de aquel crío. -En serio. A mi madre no me la imagino así, parecería un adefesio con ese vestido jajaja. A ti te queda genial – dijo Jorge con una sonrisa de oreja a oreja. “Creo que este chaval va un poco drogado” pensó Lucía un poco divertida. -¿Y has venido sola? - preguntó Jorge. -No, con una amiga. Está por ahí bailando. Yo estaba a punto de marcharme, ya no tengo edad para esto... - contestó Lucía con una sonrisa melancólica. -¿Pero qué dices, ...
... mujer? Le edad es un estado de la mente, como dicen jajaja. -No lo veo yo eso muy claro, Jorge jajaja. Venga, me marcho. No bebas demasiado, que eres un crío... -Venga, quédate un rato, tía. Te invito a una copa y todo. Lucía notó cómo las manos de Jorge parecían apretar algo más fuerte su cintura. La había tenido agarrada durante toda la conversación y ni se había dado cuenta. Se sintió avergonzada de verse así en mitad de toda aquella gente, pero la forma en la que Jorge le había hablado le había hecho sentir algo viva después de mucho tiempo. No iba a pasar nada por tomarse una copa y reírse con un crío un rato. -Venga, va. Te la acepto. Un ratito a ver si aparece mi amiga y me voy– dijo Lucía sentándose en uno de los taburetes de la barra. -¡Di que sí, jajaja! ¡Eh, dos gintonics! Lucía bebió un sorbo de su nueva copa y miró a aquel chavalín. Jorge, el niño del cuarto. Había crecido pero seguía teniendo la misma cara de chiquillo travieso de siempre. Era un poco flacucho y desgarbado, pero tenía unos ojos preciosos y una sonrisa encantadora. Lucía se rio para sus adentros de estar tomándose una copa con él. “Qué ridícula es la vida”, pensó. -¿Y no piensas ir a bailar? Igual ligabas, jajaja – dijo Jorge tras dar un buen trago a su gintonic. -No estoy yo para bailes. Si hacía años que no estaba aún despierta a estas horas jajaja – contestó Lucía, algo más animada por los tragos que le había dado a su bebida. -Joder, hablas como si fueras una abuela, ...