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El regalo: Un antes y un después (Vigésima octava parte)
Fecha: 10/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... en mi pecho, como cuando no quieres pero deseas que siga ocurriendo. Quería apartarme por pena con mi esposa, pero las sensaciones de su cuerpo desobedecían obviamente las órdenes de su cerebro. Duramos así algunos prolongados segundos, respirando ambos con excitación y luego de separar nuestros labios, recorrí con los míos su cuello hasta alcanzar el lóbulo de su oreja y susúrrale un… ¡Que rico beso! Martha sin mirar a Silvia, dejándose explorar el cuello y su mandíbula por mi boca entreabierta, estiró su brazo en dirección a mi esposa y con su mano extendida, recibió la de mi mujer y con un ágil movimiento la jaló hacia nosotros, para terminar Silvia, sentada en su regazo y allí termino el beso. ¿O no? —¡Hummm, que rico se besaron! —Nos dijo Silvia, con voz suave y el gesto en su carita de muñeca, arrugando su nariz, achinando sus ojitos cafés y arañando mi nuca con las uñas de sus dedos, causándome un delicioso escalofrió. —Es una sensación tan rara, muy difícil de definir. Una mezcla de celos y ganas. Celos de no ser yo la que es besada y besa. Y ganas de que no se terminara esa visión. —¿Si te gustó mi amor? O… ¿Te sentiste incomoda por este beso? —Le pregunté. —¡Sí, me gustó! Inclusive mi vida yo… Me excité. ¡Jajaja! —Y distendidos nos reímos nuevamente–. Martha estaba acalorada al igual que yo, por lo cual bebimos de la botella de agua, primero la dama y después el caballero. —Y tu Silvia… ¿Qué tal besaras a mi esposo? —Le indagó una sonriente Martha, ...
... ya tan familiarizada que no se contuvo y pasando su brazo por la cintura a mí esposa, terminó por besarla en la frente y toqueteándole graciosa la punta de la nariz con su dedo, luego rozó sus labios con los de mi esposa con algo de timidez. —Bueno, pues creo que él no tiene queja alguna, la pregunta correcta es como nos sentiremos después de que los cuatro juntos, demos el siguiente paso. —Le respondió mi mujer a Martha con mucha sinceridad. —Pues mi amor, –intervine yo con inmediatez– ante eso ya no vamos a dar marcha atrás. Como dicen por ahí… «A Santa Rosa o al charco». —Le aseguré, mientras frente al rostro de Martha, yo literalmente me comía la boca de mi esposa hasta que esta con su otra mano alcanzó la mejilla de la esposa de su próximo amante y la instó a acercar la suya a nuestras bocas, para terminar por fin en un trio de bocas que con sus lenguas no se decían nada, pero se mezclaron sus sabores en un sexteto de labios húmedos compartiéndose cariños, en aquella insólita madrugada. —¡Pufff! Pues esto entonces sella nuestro acuerdo. —Les dije yo a ambas, al terminar aquel raro beso simultáneo. —Solo falta un participante y ahora tendrás mi amor, que buscarlo, atraerlo y deleitarse. —Rodrigo… mi amor. ¿Estas completamente seguro de que quieres que lo hagamos? —Me preguntó y yo asentí con decisión, mientras apretaba la mano de Martha y se la besaba por el dorso, justo sobre su alianza matrimonial. —Escúchame bien lo que te voy a decir mi amor. Si se trata ...