1. El regalo: Un antes y un después (Vigésima octava parte)


    Fecha: 10/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... dejándome ver su expresión ante esa confirmación de cariño por su marido.
    
    —A ti te amo loco mío, y si voy a estar con él no solo necesito que me des tu permiso y tan solo lo sepas, mi amor. Yo quiero que estés ahí conmigo cuando suceda, pues a pesar de todo, no es fácil para mí aceptar que me entregaré en otros brazos sin tu compañía. Necesito de ti, requiero estar segura de que no te sentirás mal y que yo por supuesto, después no me vaya a arrepentir de verte junto a Martha. Vamos a cambiar de parejas, ok. Pero no quiero que sea solo por el simple hecho de calmar las ganas de Hugo, o la que ustedes dos se tengan. Vamos a querernos los cuatro. Martha y tú, Hugo y yo. Pero antes yo… —Y mi esposa se contuvo para pensar en algo, medir sus palabras antes de expresarlas. ¡Sorprendiéndonos a Martha y a mí!
    
    —Quiero verlos quererse, sí. Necesito saber que puedo llegar yo a sentir, estando con ustedes a nuestro lado, pero Martha y tú, queriéndose. Necesito verlos como se besan y acarician delante de mí. ¡Ven mi amor, siéntate aquí! Y dale un rico beso a esta mujer. —Y mi esposa se apartó cediéndome su lugar.
    
    Yo me senté a lado de Martha y sin dejar de mirar aquellos preciosos ojitos acaramelados, retiré de su rostro el bendito mechón de siempre, que ocultaba en parte el rubor de su mejilla izquierda y me fui acercando a su boca ya entreabierta. Temblaba ella, algo más que yo.
    
    —¡Relájate preciosa! —Le dije a la mujer que en próximas horas se convertiría en mi nueva ...
    ... amante.
    
    Y posé con suavidad mis labios sobre los suyos, humedeciendo un poco con la punta de mi lengua aquellos tan carnosos pero resecos por su respiración agitada. Jadeo un poco, suspiró y me dejó recorrer discretamente la abertura de su boca. Martha desviaba nerviosa su mirada hacia el marrón de los de mi esposa, sentada en el sillón. No se concentraba aunque ya estaba entregada al sentir mis labios besar la punta de su respingada nariz. Tomé con mi mano su mentón y la obligué con suavidad a girar su cara. Con besitos cortos me aprendí de memoria la tersa curvatura de su mejilla primero, la otra la disfruté lamiéndola despacio hasta alcanzar sus labios nuevamente. Escuchaba los leves gemidos y los suspiros de mi mujer, que no perdía detalle de aquella demostración de afecto. Sudaban sus manos cuando se las tomé para brindarle tranquilidad y luego sí, mirándome a mi le escuchamos decir con claridad…
    
    —¡Te quiero Rodrigo! —Y yo a ti preciosa–. Le respondí.
    
    Después de eso, se relajó e inclinó hacia la derecha su cabeza y su boca se abrió lentamente, permitiéndome darle un leve mordisco a su labio superior, pasar a su interior mi lengua, rozando la suya, ya sincronizados y en principio discretos, yo fui absorbiendo la suya dentro de mi boca, como si de un cono de helado se tratara y luego ella con la mía, repitió la misma operación. Martha acarició mi rostro con una mano, la otra la mantuvo apretando primero con fuerza la mía, posteriormente la soltó y realizó alguna presión ...
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