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El regalo: Un antes y un después (Vigésima octava parte)
Fecha: 10/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos
... de cruzar ese umbral, alguno de los cuatro desea que solo sea esta, la única vez. —Le devolví el cigarrillo a Silvia, aunque para ser sinceros, ya no quedaba casi tabaco por quemar. Serví más vodka en los vasos, coloque algunas hojitas de menta y dos o tres rodajas de limón en su interior. ¿Hielo? ¡No! El calor que habitaba en los tres nos causaba sed, pero de la otra, de aquella que deseábamos saciar en otros cuerpos, humedecidos por el sudor de otra piel. —Si aceptas mis condiciones mi amor, y volvemos luego a este hogar abrazados y en nuestra cama, yo desnuda por tus manos y tu desvestido por las mías a pesar del cansancio y aun tú con el aroma de Martha y yo impregnada de la colonia de Hugo, nos haremos los dos el amor con todo nuestro amor, a nuestra intima manera o mejor que antes, hasta que la piel se nos desgaje a tiras por las orgasmos alcanzados. —Y la besé con mucha pasión, sin nervios ni celos y así se lo hice saber hablándole muy cerca de su oído, terminando con un franco… ¡Te amo! —Te amo, Rodrigo. Y si me llevan al clímax, unas o más veces que las obtenidas junto a ti, no temas ni te preocupes, pues esos momentos no opacaran para nada, los orgasmos que ha sentido mi corazón junto a ti, y que en el fondo de tu ser sabes bien, que es solo tuyo. Este cuerpo si así lo quieres, o el tuyo mi vida, si nos gusta o si así nos place, los podremos conceder juntos a Martha y a Hugo, si nos ...
... sentimos cómodos y a ellos les agrada por igual. Porque Rodrigo mi amor, si iniciamos este camino, quiero que entiendas y sepas que el alma mía ya tiene tu impronta tatuada y sé con plena seguridad que en la tuya, con fuego grabada, mi nombre está ya. —Martha aplaudió emocionada por estas últimas palabras de mi amada esposa. Tomé el móvil de mi esposa y se lo alcancé a Martha, quien tomando el teléfono de mi esposa, buscó en la agenda el nombre de su esposo, más Silvia no lo tenía guardado así, por el nombre de pila. —«Mi Jefe» Búscalo así–. Le indicó mi esposa y una vez hallado, Martha mirándonos nos dijo… —Bueno pues… ¡vamos a probar! Ojalá a ti si te responda. —Y marcó. Una, dos, tres veces y a la cuarta con resignación desistió y lo colocó de revés sobre la mesita auxiliar y dejó su caer su mirada hacia nuestra alfombra, triste y sin esperanzas. Pero casi en seguida, la vibración y el sonido fueron amplificados por la madera de aquella mesa y mi esposa tomándolo con rapidez, nos mostró la pantalla iluminada, tan clara y brillante como los ojos acaramelados de Martha. —¿Hugo? —Y nadie hablaba–. Hugo, háblame por favor. Hug… Cariño, quiero verte, necesito que hablemos. Dime algo por favor… Mira, dime donde estas y voy a tu encuentro, porque… ¿Sabes algo, Hugo? Tu ángel no está sola ahora, pero quiere hacer diabluras y necesita un acompañante. ¿No te gustaría ser tú, ese alguien? Continuará...