1. El regalo: Un antes y un después (Vigésima octava parte)


    Fecha: 10/11/2021, Categorías: Infidelidad Autor: DestinyWarrior, Fuente: CuentoRelatos

    ... ¡Con él! —Un nuevo dedo de Martha, estirado para limpiar de humedad ambos parpados, luego ambas dimos un trago para calmar la sed y apaciguar aquellos recuerdos, entre tanto observé que Rodrigo por fin se puso en pie, para recostado en la baranda del balcón, ponerse un cigarrillo entre los labios.
    
    —Y luego se me ocurrió dejarme ver de Hugo, teniendo sexo con otro hombre, no para darle celos Silvia, no. Quería que viera como se me podía hacer gozar, deseaba en realidad que aprendiera a hacerme el amor diferente, más salvaje y rudo que su acostumbrada posición del misionero o aquella de medio lado tomándome por detrás. Otras maneras de tocar, acariciar y besar. Chupar, lamer, hurgar en mi interior y sacarme los quejidos que con otros hombres logré conocer y alcanzar nuevas sensaciones, ya que hablando con él, nunca me quiso escuchar. —Martha se giró de medio lado y le pidió a mi esposo compartir un poco de su cigarrillo y el sonriente se acercó nuevamente, para colocarlo con bastante familiaridad en aquella boca entreabierta. Y una punzada en la boca de mi estómago sentí. ¿Celos?
    
    —Porque una mañana de tantas a solas, en la sala descubrí una pequeña cámara, instalada por mi esposo y revisé con cuidado el resto de nuestro hogar. —Y con aquellas palabras Martha volvía a tener mi plena atención–. No era la única en la casa, por lo tanto, supe que mi esposo me espiaba porque ya intuía mis andanzas y aun así no me decía nada. ¡No reaccionaba! Yo deseaba que me preguntara y ...
    ... hasta me insultara para responderle a sus preguntas con mis verdaderas intenciones pero no… Hugo calló y tragó. Hasta que llegó una noche con unos papeles en sus manos, solicitándome el divorcio. —Y de repente me sentí mal por haber sido yo la persona que le indicó ese camino. Rodrigo retiró con suavidad el cigarrillo de aquellos finos dedos y la ceniza con un leve movimiento de su mano, cayó en el fondo del cenicero. Y me miró con aquellos ojos cafés, de una forma cómplice que parecía querer quitarme toda mi culpa de encima.
    
    —No supe que hacer para que cambiara su decisión. ¿Equilibrar la balanza de mi engaño con uno suyo? Pues sí preciosa, eso maquinó mi estúpido cerebro. Proporcionarle una amante, una mujer diferente a mí para que con ella Hugo reaccionara, tuviera sexo y de paso aprendiera en ese encuentro. Una prostituta no sería la solución pues conociendo su férrea educación y preceptos, jamás lo hubiera logrado de esa manera. Yo requería de alguien más cercana, otra mujer que para Hugo fuera… ¡Entrañable! Y llegaste tú a mi hogar, Silvia. Sí mujer, con una llamada que pude oír, una conversación entre ustedes dos, y en la cual escuché con claridad que Hugo aun me amaba. Te convertiste de repente en la solución, en mi oscura obsesión y no solo en el ángel de Hugo. —Y al escuchar esas últimas palabras, un escalofrió recorrió mi cuerpo por completo, desde la nuca hasta la parte baja de mi espalda. Y ellos dos, lo pudieron constatar en mi expresión de asombró y la palidez ...
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