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Lucky boy (II): La playa
Fecha: 21/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos
Lo último que me sucedió recién a finales de octubre del espantoso 20-20. Eran fechas muy atareadas, no había tenido tiempo para mí, ni para tomarme un descanso, ni siquiera para hacer el amor con mi esposo como era debido, y les juro que eso era lo que más me urgía en esos días. Como en todo fin de año, se había de celebrar una conferencia para exponer los resultados frente a los directivos ya accionistas principales. Normalmente en un hotel de lujo en alguna playa, y una tonta pandemia no impediría que la empresa justificara el presupuesto con viáticos ridículos. Pero ni modo, donde gobierna capitán no manda marinero. Aunque estaba aterrada por viajar en la situación tan crítica, no tenía opción. Por obvias razones aquel viaje lo realizaría sola, dejando al papá con mis dos pequeños. En parte me sentía tranquila sabiendo que mi familia estaría segura en casa, pero la idea de enfermar de ese maldito virus, no. Aunque no me imaginaba tendría un golpe de suerte erótico que haría todo mucho más llevadero. Fue sobre la arena, era un día hermoso, en aquel lugar todos los días son así. Mi parte del trabajo en los preparativos previos a la reunión había concluido, y ahora tenía todo el día libre para pasarla en la costa, “a mal tiempo buena cara.” En fin, me escogí un buen bikini, me puse mi cubre-bocas y salí del hotel rumbo a la playa. Todo parecía normal, mis planes se limitaban a tumbarme como trapo sobre la arena hasta tomar un bronceado natural perfecto. Conocía ...
... de una playa nudista por ahí a la cual me tentaba a ir, pero nada, irónicamente no quería nada de exhibicionismos ese día, sin imaginarme que la ruleta de las casualidades estaría a mi favor. Escogí finalmente un buen lugar un poco alejado del mar. No fue muy difícil, pues aunque por esos tiempos estaba abierta al turismo, no había mucha gente, al menos no en ese lugar a esa hora, en es ese día. Muy a mi suerte, porque lo único que quería era paz y tranquilidad. Así, caminaba con mis sandalias en mano, sintiendo la dulce sensación de la arena en mis pies, decidida a alejarme lo más posible de los pocos visitantes. Sin embargo algo me detuvo. De reojo me había parecido ver a un chico joven y apuesto, lo sé estoy perdida, y casada, pero es mi debilidad, no tengo remedio. Luché un poco conmigo misma, pero en verdad era muy lindo, cohibido, tímido y sobreprotegido, el coctel perfecto para desatar mis más bajos afiches sobre él. Finalmente perdí mi madurez y regresé sobre mis propios pasos para mirarle mejor. Era un chico de piel clara, cabello castaño claro, delgado, pero con un buen marcado en sus abdominales, casi segura que tendría unos diecinueve años, o dieciocho con suerte, no menos porque aquel hotel de enfrente, donde me alojaba y que correspondía a la sección de playa en la que estábamos, era solo para adultos. Ya convencida y cautivada por mi nueva presa, comencé el acecho situándome en una posición estratégica. Me sitié a un costado de la familia, con ...