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Lucky boy (II): La playa
Fecha: 21/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos
... bien. Lo observaba con detenimiento, con hambre, desesperada por trágamelo y saborearlo dentro de mi conchita. Imaginándome montada en él, chupándosela, siendo penetrada en cuatro o de misionero, como fuera. Aquellos pensamientos me llevaban al cielo, haciéndome perder la noción del tiempo y el lugar en el que estaba. Por si fuera poco, en ese momento, aquel jovial pene que en mis ojos se había fundido, comenzaba a convulsionar endureciendo los músculos de sus testículos como se saca el jugo a un par de naranjas a la vez, expulsando a chorros su espeso contenido blanco por toda su tranca, manchando sus manos hasta cubrir la fina arena de mar con su semen. Y entonces finalmente exploté. Mis dedos entraban y salían chapoteando en mi coño pescando un profundo orgasmo que me hacía eyacular tan intensamente que hasta mis piernas me temblaron; contrayendo y tensando mis nalgas, expulsando todos mis jugos contenidos desde hacía mucho tiempo. Todo en sincronía con la propia eyaculación de ese lindo chico adolecente al frente. Suspiré, y sonreí, aliviada y satisfecha de tan profundo orgasmo. Por ese corto instante, nuestros sexos choreaban, babeando el viscoso liquido alvino, que aún escurría desde su enrojado glande y en los rosados labios de mi depilada conchita. Justo a tiempo regresaban la pareja de sus tíos, alertando a su madre. Como pudimos nos vestimos de nuevo, escondiendo nuestros sexos mojados. Enseguida me anudé mi traje de baño de nueva cuenta a mi ...
... bronceado cuerpo y me dispuse a regresar a mi habitación. De paso le coqueteé un poco al chico sofriéndole con malévola complacencia al desfilar altaneramente a su lado. Creí que sería todo, me sentía más que satisfecha, pero se pondría mejor. Justamente el día siguiente debía exponer mi reporte en aquella conferencia, por lo que me alisté desde muy temprano para los preparativos. Eran por eso de las siete de la mañana cuando salía a paso veloz de mi cuarto de hotel, pasé por el ascensor, salí como alma que lleva el diablo y ahí lo encontré de nuevo. Sí, ni más ni menos que el mismo muchacho, ésta vez estaba nadando en la piscina del hotel. Me pareció muy extraño, por la hora del día, y porque no creí que estuviese permitido. Intenté no darle importancia y me concentré en mi trabajo de ese día. De allí en más, sin novedades. Expuse, todo bien, conviví un poco con mis compañeros y regresé a mi habitación por eso de las seis de la tarde. Muerta de fatiga, me desvanecí en mi cama y caí profundamente dormida. Pero el siguiente día todo cambió. Era mis últimas horas de hospedaje, y con todo había amanecido por eso de las siete de la mañana. Claro, pues si había dormido casi doce horas. En fin me dispuse a perder el tiempo mirando un poco el televisor antes de dar check-out. Así hasta dar un cuarto de hora para las siete de la mañana, cuando una oleada de calentura me levantaba de la cama. Y es que justamente recordaba el día anterior, mirando a mi joven compañero de hotel ...