1. Lucky boy (II): La playa


    Fecha: 21/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos

    ... nadando en la piscina. Enseguida me asomé por mi balcón que justamente daba a la piscina y a la playa. Cuál fue mi sorpresa que en efecto ahí estaba.
    
    Una profunda alegría me invadió, y corrí como colegiala a vestirme y arreglarme para él. Me puse un traje de baño diminuto de dos piezas; el top amarillo intenso, y la parte de abajo en color negro con toques del mismo amarillo. Así baje casi corriendo por el ascensor como linda abejita coqueta, con toalla en mano, y por su puesto el indispensable cubre-bocas.
    
    Al llegar al primer piso, me dirigí sin escalas al área de piscina. Asombrada de que nadie me dijese nada, ni siquiera para revisarme la temperatura. Qué bueno, con lo ardiente y zorra que iba, seguro que reventaba su termómetro. Las ventajas de hospedarse en un hotel para adultos, supuse.
    
    Me acerque colocando mi toalla y mi cubre-bocas en una silla playera de por ahí y me senté en una orilla de la piscina. Y ahí estaba, el mismo chico, nadando como pez vela por todo lo largo del acuático escenario, en completa soledad. Hasta que llegué.
    
    Era encantador, realmente atractivo, lo observaba en silencio sentada en el borde de la piscina, chapoteando con mis pies, antes de tomar coraje suficiente para sumergir el resto de mi cuerpo. Fue en ese momento cuando se percató de mi presencia. Creo que lo sorprendí en verdad. Soltó un genuino espasmo de asombro, aún antes de percatarse de quién se trataba. Supongo que le habría espantado mi furtiva aparición. Sin embargo ...
    ... al darse cuenta de que se trataba de mí, me reconoció de inmediato y se relajó. Por un momento continuó nadando, yo lo miraba desde mi privilegiada posición. Así hasta que por fin me animé a saltar dentro de la piscina.
    
    Por un momento estuvimos nadando juntos, aunque cada quien por su parte. De tanto en tanto nos cruzábamos una que otra mirada insinuante. Aquel juego me encantaba, ese genuino cortejo adolecente no se encuentra en ningún hombre maduro.
    
    Fue justamente en uno de esos encuentros cuando finalmente me atreví a acercármele, sabía perfectamente que de su parte no daría el primer paso. No dije nada, dejé que el natural momento y mi lenguaje corporal hablaran por sí solos. No hacía falta mediar palabra, ambos sabíamos lo que sucedía.
    
    El chico miraba nervioso las cortinas de su habitación, temeroso que su familia lo viese, aunque no sé porque, no había nada de malo en que estuviese con una chica, pese a la diferencia de edades. Quizá yo era demasiado desinhibida, o muy zorra, de cualquier manera me estreché a él. Lo acorrale más bien. Llevándolo hasta un extremo de la piscina en la cual recargó sus codos sobre vértice de cada lado, mirándome nervioso cómo me acercaba.
    
    Ahí le mire fijamente a los ojos con una sutil sonrisa que dibujaban mis húmedos labios, y en completo silencio le agarré el paquete que abultaban sus bermudas. Enseguida él me correspondió acariciándome con dulzura un costado de mi brazo. Lo hacía tan tierno y con tanto miedo que podía sentir ...
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