1. El Kelvin y sus desventuras


    Fecha: 21/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos

    Malditas las ganas que yo tenía de ir a pintar ese apartamento de mis padres que tenían en la zona costera, pero siendo hijo único no me quedaban más cojones, como decían ellos, dicho apartamento sería mío el día de mañana. De buena gana hubiera enviado un pintor, pero mis padres erre que erre, lo que podía hacer uno mismo no tenía el porqué pagar.
    
    Así que aproveché que mi mujer y los niños habían salido de viaje a ver a mi suegra, la cual había quedado viuda. Con treinta y tres años y mi posición de ingeniero informático todo me chirriaba, había tenido que pedir una semana de mis vacaciones en la empresa que trabajaba. Así que allí estaba, intentado pintar las putas paredes. Pronto me cansé y contrate una cuadrilla de pintores que en un día (un puto día) me la pintaron.
    
    Solo me quedaba descansar esa semana, y claro, me dije que allí mismo me quedaba. Hacía un calor de espanto y fui a la playa, era domingo. La playa siempre me había parecido de segunda, un lugar hortera y vulgar. Ese fin de semana tuve una familia al lado donde yo siempre me solía poner cuando acudía a dicho lugar de niño. Estaba formado por cuatro miembros, un puto gordo de cara roja y dos adolescentes estridentes, aunque la que marcaba la diferencia era la mujer, por su porte.
    
    Hembra sólida, de estatura considerable, facciones marcadas, tetona, culazo marcado, prieta de carnes, su mirada era de pantera, se la notaba relamida, caminaba como una gran diva, con su paso sólido, largo y pisando ...
    ... fuerte.
    
    Oí que me llamaban por mi nombre, no era ni más ni menos que Kelvin, un antiguo conocido de mi padre. Kelvin había trabajado esporádicamente para mi padre los veranos. Era negro, aunque había venido de niño, tendría la cuarentena larga de años. Siempre me había sido simpático conmigo, algo cargante, pero buena persona. Aún me acuerdo cuando limpiaba los jardines de la urbanización, en un rincón echaba una meada, yo nunca había visto una polla negra y me impresionaba, ese rabo negro de tamaño considerable junto con unos testículos también grandes.
    
    β€” ¡Cuánto tiempo Álvaro! β€” dijo en tono exclamatorio.
    
    β€” ¡Hola Kelvin! ¿Qué te cuentas? β€” dije al mismo tiempo que nos estrechábamos las manos.
    
    β€” Ya ves, he pintado el apartamento del viejo, ya lo conoces.
    
    β€” Sí, desde luego, no cambiara nunca, lo vi no hace mucho y a pesar de sus años sigue igual.
    
    β€” Pues sí, no te equivocas, sigue dando el clavo, pero bueno, ya se sabe los viejos.
    
    β€” Me alegro, entonces. ¿Aprovechas para disfrutar de la playa, por lo que veo?
    
    β€” Bueno, digámoslo así, aunque esto está muy aburrido.
    
    β€” Pues sí, mucha familia de los alrededores que digamos.
    
    β€” Poca cosa que pillar, entonces β€” le dije con una sonrisa socarrona, ya que sabía por mi padre que era un gran mujeriego y no desperdiciaba ninguna oportunidad.
    
    β€” No te creas, alguna cae, sin ir más lejos hace dos semanas cayó una β€” contesto en tono orgulloso.
    
    β€” ¿Y ahora, nada a la vista? β€” contesté.
    
    β€” La tienes allá β€” dijo mirando ...
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