1. El Kelvin y sus desventuras


    Fecha: 21/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos

    ... subido, estaba exhausta; de su coño goteaba lefa. Kelvin me vio, me miro con complicidad y orgullo. Subí y vi que el hombre intentaba incorporarse en el coche. Llamé a Kelvin, vinieron los dos, ella despeinada y quitándose la arena del vestido, intentando secar la mancha al mismo tiempo. Había cuchicheos, ella pareciera que buscara algo. Entonces pregunté:
    
    — ¿Nos vamos o pasa algo? El tío empieza a despertarse.
    
    — No, nada, simplemente busca sus bragas, podemos irnos — me contesto.
    
    Los dejamos en una urbanización donde residían, él tambaleante y ella llevándolo por la cintura.
    
    Ya de vuelta y llevando a Kelvin a su casa tuvimos conversación machorra.
    
    — Follas de miedo, Kelvin, con decisión, contundencia y ganas. Me has puesto el rabo tieso, la intensidad de esta jodienda me ha dejado asombrado.
    
    — Procuro darlo todo, no desaprovecho oportunidades, aunque me sabe mal no haberte hecho partícipe, un trío hubiera estado bien, pero había que vigilar al marido.
    
    — Bueno, sería un placer, otra vez será, aunque quizá con tu apostura ante la mujer que he podido observar a valido casi más que el trío.
    
    — Me gusta ser el que lleva la iniciativa, tengo orgullo de macho si lo dices por el final de la jodienda de esta noche.
    
    — Me ha impresionado esa soberbia al final, le has esquivado el morreo y encima te has quedado con sus bragas.
    
    — Sí, me gusta dejar claro que lo hago porque lo valgo. Y las bragas, pues me gusta coleccionarlas, son como trofeos.
    
    Al día ...
    ... siguiente volvía a estar en la playa, expectante y algo nervioso. Para más pesar el apartamento de mis padres estaban los operarios de la electricidad, en caso de tener suerte habría que buscar alternativa. No adelante acontecimientos, ya que me suponía que tendría que ser, en caso de triunfar, algo a escape, de veinte minutos.
    
    Apareció al cabo de una hora, altiva, con gafas de sol, apechugada, mirando al frente, como si paseara en una pasarela de moda. Y lo más importante: Sola. El corazón me dio un vuelco, y más cuando vi que se ponía a pocos metros de donde yo estaba. Se quitó el pareo, ante mi deleite ese día iba entangada, pasó a mi lado provocativa hacía el mar, me dio la espalda y vi las nalgas separadas por el tanga, algo en caída pero apetecibles; meneo el culo como si fuera una campana. Fui tras ella a darme un chapuzón, nadé a su alrededor, demostré mis dotes de piscina cuando era universitario. Vi que me miraba penetrante, su rostro se reflejaba en el agua, salimos, su pelo mojado le daba un aspecto salvaje. Fue a su bolsa y volvió a pedirme fuego, me caían sus gotas e mis manos. Se tumbó en la arena. De repente vi a Kelvin, venía decidido, con su toalla roja en contraste con su piel negra; se sentó en la arena a mi lado. El hijoputa venía a incordiar. Ella miró de soslayo hacía nosotros. Kelvin le sonrió, acto seguido me dijo:
    
    — Me he tomado el día libre
    
    — Ya veo, vienes a ver… — dije
    
    — Bueno, los lunes me encargo de la caseta del pequeño muelle, me da ...
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