1. La invitada


    Fecha: 25/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... habíamos hecho un sándwich con su grácil cuerpo. Mientras, las otras dos mujeres aún se erguían a horcajadas sobre Jaime. Mientras que su propia esposa le restregaba el coño por la cara, Esther contoneaba la cintura como poseída por el poderoso pollón del muchacho.
    
    Para comenzar el juego, Pilar se giró hacia su marido y le tendió la cajita para que éste extrajese una de las bolas. Sin embargo, Jaime declinó cortésmente su ofrecimiento y le indicó que nos diera a sacar primero a nosotros.
    
    Pilar me ofreció, pues, la cajita en primer lugar. Introduje los dedos mirando a mi mujer y tuve que reprimir un respingo. Sólo había una bolita suelta, las otras dos estaban firmemente sujetas por el pulgar de Pilar sin que nadie, salvo yo, pudiera percatarse de ello.
    
    La sonrisa de Pilar enmascaraba su ardid a las mil maravillas. La muy zorra… Tras un segundo de indecisión, mostré a los ojos de todos una bolita negra como el tizne. Pocas mujeres habrían mostrado tanta entereza como Verónica sabiendo lo que le esperaba. Aquella primera noche solamente podría disfrutar siendo sodomizada.
    
    — Jaime —dijo mirando, desafiante, a Pilar.
    
    Mi esposa podría haberme escogido a mí, pero la tradición era empezar con la pareja de una de las otras dos mujeres. No hacía falta ser muy listo para saber que había algún tipo de enfrentamiento entre mi esposa y la de Jaime. Me hubiera gustado saber de qué se trataba, pero era lo suficiente inteligente como para no inmiscuirme en asuntos de ...
    ... mujeres. De todos modos: “A río revuelto, ganancia de pescadores”.
    
    El siguiente en sacar fue Ángel, que enseguida mostró una bolita blanca.
    
    — Alberto… —dijo irónicamente su esposa. Una vez que Verónica había escogido a Jaime, yo era su única opción.
    
    Pilar ni siquiera ofreció la cajita a su marido. En lugar de hacerlo, la dejó sobre la mesa y, tal y como todo el mundo esperaba, se dirigió hacia Ángel. Mi amigo compartió una mirada cómplice con su esposa mientras Pilar, la más menuda de las tres amigas, se arrodillaba a sus pies.
    
    Últimamente, Pilar tenía debilidad por Ángel. Fuera cual fuera su suerte con las bolitas, él era su primera opción. Su chico, Jaime, era joven, fornido e impetuoso, pero no tenía la templanza y el carisma del sargento de la Guardia Civil. Con un silencio solemne, la más bajita y tímida de la tres se postró de hinojos frente al esposo de Esther. Lo hizo con la cabeza gacha, sin mirar a los ojos ni al uno ni a la otra. A pesar de la edad, la buena de Pilar seguía sin poder evitar aquel exacerbado pudor.
    
    Ángel tomó el pañuelo negro que su mujer había sacado de aquel bolso tan familiar para todos nosotros. Dentro de él guardábamos, de un año para el siguiente, todos nuestros juguetes para adultos. Meticuloso, Ángel plegó el pañuelo en diagonal y a continuación vendó los ojos de su ferviente admiradora. Seguramente sería la propia Pilar quien más agradecería aquel gesto, de ese modo no tendría que soportar las miradas de todos mientras mamaba la ...
«12...91011...14»