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La invitada
Fecha: 25/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... y, finalmente, se habían divorciado. La mujer de Jaime no lo dijo, pero yo di por sentado que aunque Himar hubiera seguido casada, su acaudalado marido habría rehusado encerrarse con siete niños en una casa rural por muy grande que ésta fuera. Gracias al alcohol y a las ganas de pasarlo bien, la conversación a la luz del fuego se fue prolongando con la misma calma y naturalidad que un tronco flota río abajo. Sin embargo, yo me sentía frustrado. A pesar de que nuestra veleidosa invitada estaba sentada justo enfrente de mí, no conseguía averiguar de qué color eran sus bragas. De forma inconsciente, la complicidad de pareja hizo que de pronto una mano se deslizara por aquí y un beso cariñoso se diera por allá. Unos y otros mirábamos a Himar de reojo, pero la presentadora conservó estoicamente la compostura, manteniendo los hombros erguidos y la cabeza alta, en esa posición tan rígida que la caracterizaba. Los temas de conversación fueron sucediéndose y variando de manera indiscriminada. Al principio todo era muy serio y trascendental, pero poco a poco los comentarios se fueron volviendo más ufanos y divertidos. Recordamos nuestras anécdotas de siempre, así como las últimas trastadas de nuestros hijos. La periodista parecía estar pasándolo bien, reía e intervenía en la conversación con total confianza. Puede que fuera una mujer con estilo y una educación exquisita, pero el alcohol no entiende de clases sociales. Luego dieron las doce de la noche y el teléfono de ...
... Pilar anunció la gran sorpresa. La media noche era la hora establecida para iniciar nuestra tradición, hasta aquel día secreta. El iphone completó una a una las doce campanadas como si fuera el carillón de un viejo reloj de pared. La presencia de aquella observadora distorsionaba la complicidad que teníamos entre nosotros, pero, al fin y al cabo, todos suponíamos que si la periodista estaba allí era precisamente para presenciar lo que estaba a punto de suceder. Del gran bolso Dolce & Gabanna, Pilar sacó la pequeña cajita de madera lacada en color nogal, las bolas resonaron en su interior. Todos salvo Himar sabíamos el significado de aquel juego, por eso la periodista no perdía detalle. Haciendo de anfitriona, Pilar lo explicó, si bien de manera un tanto sucinta. Había tres, cada una de un color. Roja para el sexo oral, blanca para el sexo vaginal y negra para el anal. Era un juego emocionante. Cada uno de nosotros extraería una bola al azar y, según su color, quedaría establecido en qué orificio recibiría su esposa la polla del hombre que ella misma escogiera. Aunque hacía años que practicábamos el intercambio de parejas, en realidad todo empezó de manera fortuita. Una noche igual que aquella, sólo que quince años antes, nos emborrachamos y empezamos a follar en pareja, unos delante de los otros. Aunque no sé quién fue el primero, sí recuerdo la cara de conmoción de mi esposa cuando todo terminó. Ella estaba sobre mí y a su espalda se encontraba el engreído de Ángel, ...