1. La invitada


    Fecha: 25/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... el rugoso aparato entre los hinchados labios de la vulva de Pilar, se lo fui introduciendo suavemente en la vagina. Tenía la firme intención de saciar su coñito antes de que Ángel hiciera lo propio con su boca.
    
    Después de experimentar en sus carnes un fenomenal orgasmo, Pilar se esforzó para que el sargento disparase toda la munición que llevaba encima. Si Ángel es de los que siempre tienen los huevos a rebosar, Pilar es de las que solamente se tragan el semen de su marido. De modo que, abruptamente, una asombrosa cantidad de esperma comenzó a escapar por las comisuras de su boca, chorreando sus henchidos senos.
    
    Cuando alguien ve a otro hombre eyacular dentro de la boca de su esposa, su excitación alcanza automáticamente un nivel insólito, y así ocurrió. En respuesta al bochornoso espectáculo ofrecido por Pilar, su marido agarró a mi mujer del pelo y la hizo ponerse a cuatro patas de inmediato.
    
    Era el momento. Ahora que Pilar y Ángel habían terminado, mi intención era ofrecer a la delgada periodista un apoteótico final que poder compartir con su audiencia. Obviamente, lo que yo deseaba era que Himar divulgara la práctica del sexo anal entre las numerosas seguidoras de su programa. Aún yendo en contra de las normas, mi propósito era que Himar viera a Esther y a Verónica gozar como locas siendo sodomizadas simultáneamente.
    
    La mesa baja que había en el centro se veía robusta. Si de verdad era de madera maciza, aguantaría sin dificultad el peso de la voluptuosa ...
    ... psicóloga.
    
    Viendo que ya le tocaba, Esther se desnudó por completo, el suyo era el cuerpo más opulento que uno pudiera imaginar. Habría algún imbécil que pensara que estaba gordita, pero para mí, la morena de pelo rizado representaba el ideal de mujer madura: un buen par de tetas, un buen culo, y brazos y piernas fuertes y bien torneadas.
    
    Mientras yo le indicaba a Esther que se tumbara boca arriba encima de la mesa, el despechado marido de Pilar ya estaba horadando con su lengua el ano de mi esposa. Afortunadamente, Jaime no olvidó sacar del bolso un frasco de aceite y rociarle el trasero a mi colombiana como si estuviera aliñando una ensalada.
    
    Yo fui más despacio, besando, chupando y lamiendo aquí y allá. El de Esther era un territorio vasto. El esbelto cuello, los sensibles pechos, el ombligo, las ingles y, por fin su sabroso sexo. En un abrir y cerrar de ojos, la preciosa morena estaba alzando las ingles totalmente presa de la lujuria. De que quise darme cuenta, una oleada de fluidos inundó mi boca sin que yo pudiera hacer otra cosa que aguantar su envite. Esther mantenía mi cabeza firmemente sujeta entre sus muslos.
    
    Repentinamente, escuché sollozar a mi mujer. Un abismo separaba el pánico de mi amor del éxtasis que trasmitía Esther.
    
    — ¡Jaime!
    
    Si bien no pretendía disuadirle de lo que iba a hacer, mi toque de atención fue suficiente para que el aludido comprendiera que debía azuzar de inmediato el clítoris y los pezones de mi mujer.
    
    Igualmente, siguiendo mis ...