1. La invitada


    Fecha: 25/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... instrucciones, Esther colocó su cuerpazo a cuatro patas sobre la mesa. La esposa de Ángel era una yegua adulta y aguardaba con impaciencia que la montaran. Aquella morena exuberante, siempre llevaba amplios escotes y el culo bien apretado. Hablaba por los codos y bebía tanta cerveza como el que más. Esther era tan extrovertida y cordial que a veces rozaba la chabacanería de un hombre. Por eso no me anduve por las ramas.
    
    Agarrándome la polla, di un par de golpecitos sobre su nódulo de placer. Cuando Esther se sobrepuso del susto, introduje de una vez todo mi miembro entre los húmedos pliegues de su sexo y, sin más dilación, entablé el ritmo lento y severo que me permitiría llevarla hacia donde yo quería.
    
    ¡CLACK! ¡CLACK! ¡CLACK! ¡CLACK!
    
    — ¡¡¡OOOGH!!! —oí sollozar a mi esposa.
    
    Su desencajado rostro reflejaba gozo y sufrimiento a partes iguales. Como buena morocha, mi esposa veía normal que los hombres quisiéramos meter nuestra vergota en la cola, además de en la cuca. En América latina, a las mujeres les gusta lucir las nalgas para seducir a los hombres. Las minas no son tontas, si aprenden twerking y perreo es para que los pives se desvivan por chingarles el orto…
    
    Allí todos y todas sabíamos a lo que íbamos, a disfrutar de la amistad y el sexo. Bueno, casi todos. Resultaba frustrante que Himar no se implicara. Seguía obstinada en quedarse al margen. Al parecer, había acudido allí sólo como periodista, no como mujer.
    
    — Si te apetece algo, sólo tienes que ...
    ... pedirlo —invité a Himar con una sonrisa sin dejar de arremeter contra el trasero de Esther.
    
    Mi mujer no se enteró de la proposición que acababa de hacerle a la presentadora, bastante tenía con la perforación que el marido de Pilar estaba realizando entre sus nalgas. No obstante, la indecisión de Himar me animó a ser más asertivo.
    
    — Las bragas —le indiqué en tono severo—. Quítatelas.
    
    Himar se quedó paralizada. No debía estar acostumbrada a recibir órdenes.
    
    De pie frente a nosotros, la periodista mantuvo la altivez de una modelo de pasarela. Utilizando los dedos fue remangándose lentamente la falda con una mirada indescifrable. Cuando el borde de tela azul marino alcanzó la altura de su pubis, descubrí la razón por la que antes no había logrado averiguar de qué color eran sus bragas. Eran negras, unas negras braguitas de bruja.
    
    Los gemidos de la mujer de mi amigo revelaban el ritmo con que mi verga entraba y salía entre sus piernas. El volumen de sus sollozos fue aumentando insidiosamente a medida que se iba acercando al éxtasis. Por contra, yo seguí con el mismo vaivén hasta que, finalmente, la brava zaina alcanzó un estrepitoso orgasmo que la hizo estremecerse.
    
    A pesar de los espasmos de Esther, mi miembro no salió ni un ápice de las profundidades de su coño. La tenía bien sujeta por las caderas y mi pubis presionaba vigorosamente su grupa. Lo que yo no esperaba es que la esposa de Ángel estrujase mi polla con su poderosa vagina y me hiciera eyacular.
    
    — ...