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La invitada
Fecha: 25/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... conquista y dominación. Ahora las cosas son distintas, pero por aquel entonces eran muchas las mujeres de toda edad y condición que rehusaban probar la sodomía, o que desistían al menor aprieto. Los pretextos eran, en cambio, siempre los mismos. Todas las contrarias a dejarse follar por el culo esgrimían que eso era una perversión, una guarrería o algo tremendamente doloroso que no habían experimentado… Ante ese tipo de reticencias, la experiencia me había enseñado a tener siempre paciencia y lubricación. Estaba claro que el grosor de mi miembro siempre haría del sexo anal una ardua cruzada. No obstante, ver la consternación de una mujer decente al alcanzar el orgasmo mientras la sodomizaba, hacía que todo mereciera la pena. No serían más de las once cuando llegamos, y eso que habíamos respetado el código de circulación. A pesar de que el sol estaba cerca de alcanzar su punto más alto, la altura a la que se hallaba la aldea ayudaba a que todavía no hiciese demasiado calor. Al menos, eso hizo menos fatigoso sacar las cosas de los coches e ir subiéndolo todo a los apartamentos. A Pilar no le pasó desapercibido el momento en que su caballeroso matido se ofreció a ayudar a Himar con las maletas. Ofrecimiento que la periodista rehusó educadamente. Con una pudorosa sonrisa, Himar dejó traslucir su admiración por el torso del más joven y alto de nosotros tres. Pilar sabía que tenía bien sujeto a su varonil marido. Le había dejado claro que el día que ella se enterase ...
... de que le había puesto los cuernos, se encontraría la maleta en la puerta. Por ello, en lugar de preocuparse, Pilar se pavoneó sabedora de que tenía algo de lo que la popular periodista carecía: un hombre en casa. Después de mi mujer, Jaime era el más joven allí. Tendría unos treinta y cinco años. Es decir, siete u ocho menos que Pilar. Era un hombre alto y corpulento, pero su imponente musculatura no se debía al gimnasio sino al secadero de jamones de su padre. Jaime empezó a trabajar en cuanto tuvo la edad mínima para hacerlo. De hecho, aunque nosotros le llamábamos por su nombre, los miembros de su pandilla empleaban ese mote, “Jamones”. El motivo de la diferencia de edad entre Jaime y Pilar tenía su aquel. De jóvenes habían vivido en el mismo bloque de pisos y, sabiendo que Pilar había concluido Ingeniería, la madre de Jaime le suplicó que diera clases de refuerzo a su hijo en un desesperado intento por que la criatura no dejara los estudios. Sin embargo, a sus dieciséis años, el muchacho tenía mucho más interés en las tetas de su menuda vecina que en las ecuaciones o la química inorgánica, y así le fue en los exámenes. De que quisimos darnos cuenta se había hecho la hora del almuerzo. Mientras que unos bajaron al porche vasos, platos y cubiertos, Pilar y yo tuvimos que quedarnos arriba cortando y tostando el pan. El culo de la esposa de Jaime tenía más consistencia que el pan de pueblo que ella misma estaba haciendo rebanadas. Eché un vistazo por la ventana ...