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La invitada
Fecha: 25/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... para asegurarme de que todos charlaban fuera a la espera de las tostadas. Aquella mañana me había percatado de lo bien que le sentaban a Pilar los leggins cuando, de reojo, la había visto agacharse para limpiarle los mocos a su hija pequeña. La costura se había adentrado entre sus nalgas haciéndome recordar la indiscreción de su esposo: “Sólo tuve que darle un par de veces por el culo para que aprendiera a cerrar la puerta del baño al entrar a orinar”. Me aproximé a ella y, metiendo desde atrás una mano entre sus piernas, rocé con mi dedo medio el marcado surco de su sexo. — Estos leggins te sientan de maravilla —susurré en su oído. — ¡Estate quieto! —me advirtió cuchillo en mano. Sin dejarme amedrentar, llevé mi dedo hasta el final de su rajita. Sabía que allí me aguardaba su clítoris, un apéndice abultado como remate a los prominentes labios de su vulva. Un diestro tintineo en aquel delicado lugar hizo que Pilar soltara el cuchillo y, desarmada, se aferrara a la encimera. Emitiendo un suave ronroneo, la esposa de Jaime separó ligeramente las piernas y levantó el trasero. Mi dedo iba y venía, arriba y abajo, a lo largo de su rajita. El roce no tardó en generar una especie de calor húmedo en su entrepierna. Pilar suspiraba de lujuria cuando llevo su mano a mi paquete y al gran regalo que había dentro. En efecto, Pilar y yo habíamos sido amantes en un tiempo lo suficiente lejano como para tener que pensar el número de años que habían pasado. No obstante, a ...
... pesar del tiempo transcurrido, yo guardaba un vívido recuerdo de los deditos de sus pies, de la tersura de sus senos y, ante todo, de su entusiasta afición a las mamadas. — ¡Mamá, tengo hambre! —chilló desde abajo la pequeña Rocío, ajena al inminente orgasmo de su madre. Después de almorzar salimos a dar un paseo por uno de los senderos que había señalizados con marcas amarillas y blancas. Aquel rato, que hombres y mujeres pasamos por separado, nos sirvió para elucubrar sobre el motivo que habría llevado a la popular periodista a pasar unos días con nosotros. Si bien la mayor parte del debate masculino anduvo por otros derroteros… Léase: alabando el porte y el tamaño los pechos de la presentadora, así como su manera de contonear el trasero delante de nosotros. Aquel primer día reservamos para comer en el restaurante que había en el propio complejo turístico. No porque fuese lo más cómodo, sino porque como no sabíamos con certeza si íbamos a disponer de tiempo para preparar comida, lo habíamos acordado así. Después de comer, pusimos una película de Disney en el salón para que los niños estuviesen entretenidos, mientras que nosotros aprovechábamos para echar un poco la siesta. Mi esposa ya estaba casada cuando la conocí. Fue mi hermana mayor quien contrató a una mujer colombiana para que ayudara a mi madre en la limpieza de la casa y le preparara la comida. Se llamaba Verónica Leal y la primera vez que la vi me quedé sin aliento. Ella estaba limpiando el bidé ...