-
El sobrino de mi esposo
Fecha: 26/11/2021, Categorías: Incesto Autor: Sophia, Fuente: CuentoRelatos
Me llamo Catalina, tengo 26 años, estoy casada hace 4 con Remo, de nacionalidad italiana, nacido en un pequeño pueblo de Sicilia, que vino a la argentina con sus padres cuando tenía 10 meses, hace casi 30 años. Después de hablarlo durante bastante tiempo, tomamos la decisión de hacer un viaje a su pueblo de origen y de paso recorrer algunos lugares de ese país. Llegamos a Roma un 12 de mayo, de ahí en avión a Palermo y por último en un colectivo no demasiado moderno a su pueblo, bastante pequeño con 1500 o 2000 habitantes, muy pintoresco sobre una gran meseta frente al Mediterráneo. Apenas bajamos del bus, estaba medio pueblo esperándonos, como si habría llegado el presidente del país, era muy emocionante ese recibimiento, abrazos y tratando de invitarnos a un lado u otro. Por último fuimos a hospedarnos a la casa de una tía materna, que vivía con un sobrino de mi esposo, verdaderamente me sentía muy cómoda por todos esos agasajos, todo era muy ameno, hasta el segundo o tercer día. Que por supuesto no había mucho más para ver, solo tener que tomar el bus para ir algún otro lugar, sumado que por su dialecto me era bastante difícil entenderlos, salvo a su sobrino Gino, un chico de 18 años, delgado alto de un buen porte, que sabía algo de español y podía de alguna manera mantener una conversación. Pero no era solo eso, al mediodía comíamos en casa de alguien y por la noche, mi esposo salía con sus amigos, y parte de sus primos, que por supuesto hacia mucho que no ...
... veía, algo que entendía, pero sentía que los días pasaban y ya ese pueblo me empezaba a saturar. Para peor llegaba bastante tomado así que apenas se acostaba se dormía hasta el otro día. Otra de las cosas fue que mi esposo me comentó que evitara de usar short, porque las mujeres lo verían mal, algo que me molestó bastante, deseando irme cuanto antes. Una noche me levanté para ir al baño, no me puse bata dado que todos dormían, así que con mi corto camisón bastante transparente me dirigía al lugar, Gino sale de la habitación, quedándose perplejo al verme con esa escasa vestimenta, lo saludé con un movimiento de cabeza y regresé a mi cuarto. No sé si por motivo de ese encuentro, se fue creando una cierta amistad, que fue muy positiva, donde ante la ausencia de mi esposo comenzó a acompañarme en bicicleta llevándome a ver lugares muy pintorescos. Un día me dijo que había una gruta, pero estaba algo lejos, que era muy hermosa y que me encantaría, salimos temprano mientras mi esposo dormía, y después de más de una hora en bici, arribamos al sitio, algo espectacular. Una gran gruta, donde el mar entraba habiendo creado con los años una laguna en su interior que en el momento de crecida se hacía algo difícil acceder. Totalmente emocionada por ese expectante lugar me saqué las sandalias introduciéndome en esa laguna, donde el agua era cálida, algo indescriptible. Lamenté no haber llevado mi malla, comentándoselo a Gino. Que me dice: “Señora, métase que yo me voy y Ud., ...