1. Necesitaba un masaje


    Fecha: 09/12/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... desnudé y me metí bajo la suave toalla, tal como me había dicho. Por cierto, la toalla no era más grande que dos servilletas unidas, no era más grande de 70x35cm, tapando lo justo en relajación.
    
    Al principio, todo era totalmente normal. Estaba boca abajo, y él trabajaba en mis hombros y espalda. Todo era muy normal, pero me dolía cuando masajeaba el hombro, pero me alegré porque al rato dejó de dolerme tanto como antes. Luego bajó a mis piernas. Mientras trabajaba en mi primera pierna, fui notando gradualmente algo... diferente. No cuidaba tanto el mantener la suave toalla cubriéndome todo lo que no trabajaba como hacía la mujer que me atendió la vez anterior. Simplemente la tenía apoyada encima de mí, sin preocuparse de sujetarla a ambos lados. Pensé que la otra vez era mujer y ahora es hombre y me pareció normal. A medida que subía por mi pierna, empujaba la toalla para que no le dificultara. Luego la enrolló sobre mi cintura y masajeó mis glúteos directamente. Nunca me habían hecho eso así antes, solo una vez me lo hicieron por debajo de la toalla. Pensé que cada especialista tiene sus modos. Yo me encontraba bien a gusto y las manos eran suaves y muy delicadas. Entonces... mientras trabajaba en el interior de mi muslo, las puntas de sus dedos rozaron ligeramente mi agujero.
    
    Esto sí me resultó inesperado. Nadie se había acercado antes tanto a mi agujero, mucho menos tocarme allí. Pero sucedió tan rápido que pensé... ¿será tal vez un error? Puede que él ni siquiera ...
    ... sabe que lo ha hecho.
    
    Luego cambió a mi otra pierna. Ocurrió lo mismo, pero esta vez, además, las puntas de sus dedos rozaron también mis bolas. Pensé: ¡Mierda...! ¿Sabrá que acaba de tocarme las pelotas? Empecé a pensar... Bueno, tal vez considerando que soy un hombre y él es otro hombre, está más relajado y no le preocupa lo que toca sin querer. Esto debe ser normal cuando el terapeuta es otro hombre.
    
    Antes de que pudiera pensar demasiado en ello, me dijo:
    
    — Date la vuelta.
    
    Se puso a un lado y levantó un poco la toalla. Me acomodé bien de espaldas. Lógicamente él tuvo que verme, pero de inmediato dejó caer la toalla sobre mí y nuevamente olvidó sujetarla a los lados. Sólo la dejó apoyada ligeramente sobre mí. Con lo pequeña que era, no podía cubrirme el pecho como hacen otros fisioterapeutas. Sólo me cubría las partes por debajo del ombligo y justo. Mis brazos, mi pecho y mis abdominales estaban descubiertos, y yo me encontraba bien.
    
    La verdad es que aún no me había puesto duro, pero yo estaba definitivamente muy consciente de lo que estaba sucediendo, y me dije: «ya veremos en qué acaba esto». Empezó por mis pies. Sinceramente me lo hizo pasar muy bien, porque eso sí me gusta, me encanta que me toquen los pies. Cuando se me enfriaban los pies en invierno mi madre me los calentaba tocándomelos y dándome masajes. Me gustaba mucho y en ese momento en que el físico me los estaba acariciando con sus suaves y aceitadas manos, ¡buff..., qué rico! ¡Cómo me amasaba la ...
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