-
Follando a bordo del yate Britania
Fecha: 26/12/2021, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Llevaba un tiempo en Bora Bora. Varias veces me habían invitado a follar, pero no estaba animado. La verdad, divertir no me divertí hasta un día que fui invitado a un yate por Richard, un excéntrico inglés, cuarentón y con aspecto de dandy al que conociera estando los dos mamados en el Bora Bora Yacht Club, él estaba mamado de whisky de bourbon y yo de brandy Napoleón. Allí, bajo los efluvios del alcohol, sin buscarla, naciera una buena amistad. Esa noche, en cubierta, bajo la luz de la luna llena y de las estrellas, con delfines pasando a ambos lados del yate, que estaba anclado en alta mar, seis bailarinas, a cual más hermosa, danzaron para Richard, que vestía un traje blanco, para mí, que vestía un traje gris, para su esposa Jenny, que tenía 40 años recién cumplidos, y que era rubia de ojos azules, alta y con un cuerpazo, y para Candy, su hija, que hacía honor a su nombre, ya que era un caramelito de 18 años y un cuadro de su madre, a esa edad, según me diría Richard. Madre e hija vestían trajes de noche e iban enjoyadas hasta los pies, sí, hasta los pies, ya que llevaban dos brazaletes de diamantes en las piernas, justo encima de los tobillos, que hacían juego con los diamantes de sus gargantillas y de las pulseras que lucían en las muñecas. En la danza, las bailarinas movían sensualmente las caderas, los brazos y las manos al son de una flauta, dos ukeleles y dos tambores que tocaban cinco tahitianos con sus fibrosos torsos morenos al descubierto. Estuvo caliente ...
... la cosa. Richard se debía sentir fuerte o tomaba viagra por un tubo ya que poco después de acabar la danza se retiró a su camarote con cinco bailarinas. Jennny, se fue con el joven que tocaba la flauta y con los dos que tocaban los ukeleles, y Candy con los dos jóvenes que tocaban los tambores. Al quedarme a solas con la otra taihitiana me di cuenta de que me dejaran con la más bonita, pero también con la más vergonzosa. Se sentara en una hamaca y no levantaba la cabeza del piso. Maldita la gracia que me hacía su compañía. Yo llevaba un tiempo sin follar, desde que llegara a Bora Bora solo estuviera con mi amante, la hermana dela zurda. Así que fui hasta la mesa camilla de las bebidas y eché dos Napoleones con hielo. Fui a su lado y se lo ofrecí. Lo rehusó moviendo la cabeza en sentido negativo. Puse el vaso en una pequeña mesa que teníamos delante. La muchacha tenía el cabello negro azabache, rizado, y le llegaba a la altura de las caderas. Tendría 18 o 19 años. Mediría un metro sesenta y tenía las piernas llenitas y el culo gordo. Se levantó. Mirando al piso, quitó el sujetador y vi sus grandes tetas con areolas negras y grandes pezones. Se quitó la falda tahitiana y las bragas blancas y vi su coño rodeado por una pequeña mata de pelo rizado. Cómo llegara descalza quedo vestida únicamente con la gardenia blanca que llevaba prendida en el pelo sobre la oreja izquierda. La muchacha, enfrente de mí, seguía sin levantar la cabeza. Le levanté el mentón con dos dedos, la ...