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Follando a bordo del yate Britania
Fecha: 26/12/2021, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... después la besé y le acaricié las tetas unas tetas duras como piedras que a continuación devoré, literal, ya que acabé mordiendo tetas y pezones. Le lamí el ombligo y bajé al pilón, mejor dicho, al lado del pilón. Besé el interior de sus muslos e hice amago de volver abajar a los pies. Hina, me cogió la cabeza con las dos manos y me llevó la boca a su coño. Enterré mi lengua en él. Moviendo la pelvis de abajo a arriba, me dijo: -No la quites, no la quites. No la quité, e Hina, poco después, moviendo la pelvis hacia los lados, alrededor y de abajo a arriba, dijo: -¡Me voy a correr! Le agarré las tetas, le apreté los pezones, y... ¡Bummm! Su coño empezó a encharcar mi lengua con un jugo calentito. Hina, temblando, exclamó: -¡Me mueeero! Quien casi se muere, pero del susto, fui yo, pues al acabar de correrse Hina y sacar la cabeza de entre sus piernas vi una figura femenina vestida con un overol rojo ajustado al cuerpo, con un antifaz del mismo color, calzando unos zapatos con tacón de aguja también rojos, con cuernos en la cabeza, con una fusta en la mano derecha y unas esposas en la izquierda. Mirando para mi boca mojada de jugos, de entre sus labios pintados de rojo carmín salió una voz muy familiar. -¡Te pillé! Era mi sobrina Diana. -¡¿Qué haces aquí, Diana?! -Ya te lo explicaré. Así que te estabas divirtiendo sin mí. -¿Qué esperabas que hiciera? ¿Querías que me siguiera pajeando pensando en ti? ¿Cómo es que estás aquí? Hina, ni se ...
... inmutó. Debió pesar que la diablesa era parte de la fiesta. Diana me respondió, mientras caminaba hacia mí contoneando las caderas de aquel cuerpo escultural: -Son demasiadas preguntas juntas. -Pues dime solo cómo es que estás aquí. -Digamos que tienes un amigo con un gran poder de seducción. Me tiró las esposas. Las cogí, y le pregunté: -¿Qué hago con ellas? -Póntelas con las manos a la espalda. Me las puse. Diana me dio con la fusta en las nalgas. -¡Zasss! -Tira hasta la barandilla de la borda. -¿Para qué? -¡Zasss! -¡Que tires, caraaajo! Hina se había quedado muda. Aquello pintaba bastos, y aún que nadaba muy bien no se podía tirar al mar ya que estábamos lejos de la costa y las aguas estaban infectadas de tiburones. Al mirar Diana para ella, se levantó de la hamaca, y haciéndose la valiente, le dijo: -¡A mí no me toques qué te como! -¡¡Zaaas!! -¡El coño me vas a comer cuando yo te mande! Hina me siguió cómo una corderita. Al llegar a la barandilla, Diana, me dijo: -Ponte con medio cuerpo fuera del yate. -Es demasiado peligroso. -¡¡Zassss!! -¡Ponlo o te eho al mar! Ya me pesara haberme puesto las esposas. -Vale, vale, me pongo. Me puse cómo me dijo y abrí las piernas Hina, estaba viendo el peligro, en forma de aleta de tiburón. -Se puede caer al mar y... -¡¡Zasss!! -¡Cómele el culo! No sé de donde quitó el valor, pero Hina, le dijo: -¡Cómeselo tú, asusta niñas! -¡¡Zasss, zasss, ...