1. A la próxima ¡me la metes! (2)


    Fecha: 27/12/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... prácticamente todo él. Fui a deambular en búsqueda de oportunidades sociales, buscaba sexo. Había todo tipo de gente, usualmente modesta y también todo tipo de «maricones». Me sentí como el cazador con muchas presas, y no saber cuál elegir, y aun dudando de los resultados de una cacería en la que no era experto; miré todo tipo de culos, tetas, conejitos de muchachas, algunos insolentemente evidentes y otros púdicamente invisibles. Pero además un montón de culos de hombres, especialmente aquellos de los que tienen una edad parecida a la mía, y obviamente sus paquetes, solazándome con que aquel era así, o era de esa otra manera. Uno que otro mayor de veinte y algo de años, los había que era muy ricos y apetitosos.
    
    De alguna manera estaba dando rienda suelta a mi imaginación y, conforme esta volaba, la calentura me invadía más y más. Hasta que el pene se me levantó completamente, tan notorio era en mi pantaloneta que me tuve que meter las manos delante para ocultar la verga que se salía por abajo porque el speedo no soportaba y el short era muy cortito. No obstante, eso no detuvo mis imaginaciones.
    
    Incluso miré a una chica muy linda pero claramente mayor que yo, que me devolvió la mirada. Se acercó a mí, y revolviéndome el pelo me dijo muy divertida,
    
    — ¡Eres guapo, hijo, y soy muy mayor y tú bien podrías ser un mariconcete simpático, pe…, ¿por qué no te vas a tomarte un helado?, eso te iría mejor.
    
    La humillación fue tan grande que me puse rojo como un tomate, sólo ...
    ... la miré y apenas pronuncié un tímido ¡perdón! y me fui, sintiendo que quería enterrarme ahí mismo y desparecer en el averno del bochorno.
    
    Maldije mi cara aniñada y me tomó como diez minutos recuperar mi dignidad y seguir avanzando entre una multitud de gente. En esto que llegué al borde del parque donde había cientos de muchachos más pequeños que yo, elevando cometas al viento. Solo verlos me devolvió a mis impulsos iniciales y me sentí caliente de nuevo, me envalentoné a niveles que nunca habría podido imaginar; resuelto, simplemente me puse a mirarlos directamente a los ojos, a todo el mundo, tal como había visto que las chicas me miraban a mí. Algunos se distraían al extremo y se olvidaban de su juego y me seguían con la mirada, yo me daba vuelta y simplemente los veía que se avergonzaban, o eso era lo que yo pensaba.
    
    Había un veinteañero ¡buenísimo! Guiando su cometa y lo miré abiertamente. El maldito me miró y poniendo cara de hijo de puta me dijo:
    
    — ¡¡Maricón!! —lo dijo con rabia y desprecio.
    
    Me dio tanta vergüenza e ira que seguí avanzando luego de hacer el papel de mirarlo fijo, ceño adusto, y seguir mi camino. Eso me decidió a elegir sólo los muchachos jóvenes como de mi edad.
    
    Los chicos eran mucho más receptivos a mis coqueteos si eran lo suficientemente obvios como para que se dieran cuenta de mis intenciones, y lo suficientemente sutiles como para huir si era necesario. Cada cual estaba más rico. Los miraba como vigilaban ansiosamente su cometa, lo ...
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