1. Memorias inolvidables (Cap. 20): Amenaza sin apelación


    Fecha: 27/12/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    22 de junio (viernes).
    
    He pasado una mañana simpática. He estado con mis hermanos. Hemos paseado todos juntos. Todos los vecinos ya saben que mi madre me quiere echar de casa. Unos lo aprueban, otros dicen que es una barbaridad. Los que nos conocen nos ven a todos los hermanos y me apena por ellos, porque los tratan mal a todos, al menos en su pensamiento, por mi culpa. Les digo que han de olvidarse de mí, que yo haré mi vida, si puedo vivir y puedo mantenerme me alegraré, pero si en este mundo se me hace imposible vivir, me suicidaré y se acabarán las penas para mí y para todos. Ha salido al frente Rosario protestando, diciendo que yo tengo que aguantar y «nosotros contigo, porque luego voy yo, me tocará a mí; luego será con Eleuterio, que no dejará que se case con quien él quiera, luego hará lo mismo con Mercedes. Y no digamos cuando se declare Facundino; aquí estamos metidos todos, o ella o nosotros».
    
    Yo comprendía a mis hermanos, porque es cierto, todos metidos en la misma guillotina, lo que pretende esta mujer es ahogar nuestra vida e imponerse. Sentía la amenaza como un mazazo sobre mi cuerpo y no me quedaba nadie más con quien apelar; la amenaza de mi madre no tenía apelación ni para mí ni para mis hermanos. Me preocupé más por ellos más que por mí.
    
    Pude hablar un rato a solas con Facundino y le dije que no saliera del armario, que haga su vida, pero sin manifestarse. Él me decía que eso es cobardía. Le argumenté que un día podrá hacer lo que quiera, pero que ...
    ... acabara sus estudios…, «graduate y luego ejerce tu profesión. Asegurado todo eso, lo dices en casa pero te vas al lugar que previamente te habrás preparado. Mientras tanto, con bici o con coche puedes ir donde quieras y te juntas con quien quieras. Vales mucho y mereces tener mejor vida. No quisiera que pasaras por lo que yo voy pasando. Si lo hicieras y te debilitaras podrías hacer algo grave que no me lo perdonaría nunca, si no te hubiera avisado. Siempre que me necesites, si vivo en este mundo, me tendrás». Así acabé mis palabras con él.
    
    Busqué la ocasión de hablar con Rosario y, aunque estaba Mercedes al lado, le di consejos similares, que no dijera nunca más nada de su orientación sexual: «Lo puedes disimular y Mercedes te ayudará», dije. «Pero es una injusticia que te trate de este modo…», dijo Rosario. «Déjalo, me arreglaré, descuida y no te preocupes por mí», le dije.
    
    Todos sabían que yo había hecho unos cursos de supervivencia y pensaban que podría sobrevivir, pero si esta noche no encontraba a aquel chico que vino a la sauna, que me gustó, cuyo nombre desconozco, igual podría ya desesperar; me deja la familia y me deja el mundo. Dios ya me había dejado hace tiempo o yo había dejado a Dios.
    
    Con lo religioso estaba hecho un lío y lleno de contradicciones. Los cristianos no aceptan la homosexualidad, les parece una enfermedad, una locura o una depravación. Sí, estoy seguro que todos no piensan igual, pero forma parte del proyecto ético o moral de ellos que la ...
«1234...»