1. Memorias inolvidables (Cap. 20): Amenaza sin apelación


    Fecha: 27/12/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... a hacer unos movimientos tal como lo sugería su placer, en circular o en línea recta, como en forma de cruz y gemía de placer porque estaba rozando mi pene sobre su próstata.
    
    Sé que le gustó y jugó mucho rato de esa manera y mi polla estaba a cien dando mucho disfrute que ya notaba incluso en mis piernas hasta el vientre. Le sugerí que se moviera verticalmente cuando quisiera, pero antes de que yo me corriera. Entendió y se puso de cara a mí. No entendí cómo se pudo mover para dar la vuelta, sujetándose en mi cabeza y hombros y levantando sus piernas de modo que no me atropelló con sus pies. Hay cosas que nacen y ahí nos besamos a gusto mientras él hacía que me pene entrara y saliera verticalmente de su culo. Notó el calor de mi pene, me lo dijo y volvió a darse la vuelta para ponerse de espaldas levantó sus piernas de nuevo y sentado sobre mi pubis con mi polla en su vientre me hizo penetrarlo al máximo de lo que daba mi instrumento y comenzó a bailar masturbando mi polla con su ano. Me puse a masturbar la suya con una mano y con la otra le acariciaba sus pezones. De nuevo se arqueó, y mientras nos volvíamos a besar descargó al aire todo su semen, y seguía moviéndose. Su polla seguía dura y no tardé en descargar dentro de él. Se quedó tumbado encima de mí y poco a poco fue sacando mi polla de su culo.
    
    Se dio la media vuelta tumbado y me dio las gracias en un profundo y largo beso que le correspondí. Estábamos perfectamente compenetrados.
    
    — Déjame que me vaya ...
    ... contigo, —me dijo.
    
    — Te necesito en casa y que acabes tus estudios, luego, si sigues pensando lo mismo, ya te busco y decidimos, —le contesté.
    
    Nos quedamos así mucho tiempo susurrándonos al oído las mil ocurrencias que nos venían a la cabeza. Entraba y salía gente, se nos acercaban a mirar y no les hacíamos caso. Así que fuimos a darnos una ducha de agua fría. Nos duchamos juntos, sin problemas, escrúpulos ni vergüenza. Estábamos felices en esa situación dándonos cuenta que nos entendíamos perfectamente. Le invité a ir a una cabina oscura. Lo senté en la banqueta, le abrí las piernas y me puse a mamarle su polla. Había una alegre penumbra que nos dejaba ver nuestros cuerpos y distinguíamos los gestos de la cara.
    
    Cuando vi que su polla estaba ya casi a su tope y mi culo me lo había amansado mientras le chupaba su polla hasta meter y sacar varias veces tres de mis dedos con facilidad, me senté de espaldas a él sobre su pubis, de modo que su polla estaba en horizontal a mi agujero. «¡Amárrate fuerte!», le dije y reaccionó positivamente. Él era mi silla caliente. Levanté mi cuerpo, puse mis pies sobre sus muslos muy cerca de sus rodillas y mi culo subió a la altura de su esternón. Amarró la polla suya con sus manos mientras yo bajaba y me sentaba otra vez sobre su pubis con su polla dentro. No tardé en sentarme del todo y acomodarme. Me abrazó fuerte por mi cintura y para que me pudiera mover me amarró las rodillas. Éramos como un solo cuerpo, sentía su corazón palpitar en mi ...