1. Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (6)


    Fecha: 19/01/2022, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos

    ... un beso, no sabía…, pero necesitaba algo más.
    
    Sergio que iba tras ella, contempló como su madre se paraba en la puerta. La pobre luz solo dejaba ver una sombra que andaba casi levitando por el pasillo. Siguió andando hasta donde ella. Algo le corrió por la mente como el correcaminos, un pensamiento fugaz, algo que tenía que hacer.
    
    Sin esperárselo ni el mismo, rodeó por la cintura a su madre, está por instinto, lo hizo por el cuello. De haberlo planeado, Mari no tenía todas consigo que hubiera puesto los brazos en el cuello de su hijo, pero había sido tal la sorpresa que lo hizo sin pensar. Sintió la fuerza que comenzaba a imprimirse en su cuerpo y como Sergio la acercaba al suyo. Se dejó hacer y movida por lo que hacía el joven, apretó sus brazos tras el cuello.
    
    Apenas podía ver nada, solo sentir el calor que su madre desprendía y el aroma del perfume que aún perduraba en su cuello. Apretó aún más sus brazos, lo había hecho sin pensar, solo queriendo sentir de nuevo a su madre cerca y ahora, no quería separarse de ella. Sus cuerpos se juntaron en mitad del pasillo, la oscuridad les envolvía y el silencio era extremo.
    
    Mari sintió incomodidad, esa vergüenza que siempre tenía por dar afecto a sus hijos, pero en una fracción de segundo desapareció, al menos por el momento. La situación era propicia, como si la oscuridad, que no le dejaba apenas ver lo que hacía, engañara a su cerebro pensando que no estaba abrazando a su hijo. Notó su cuerpo contra el del joven y no ...
    ... se pudo sentir más dichosa.
    
    —Feliz Navidad, mamá.
    
    Los brazos del joven comenzaron a separarse y sus manos se deslizaron sin apartarse del cuerpo de Mari. Ahora se habían posado casi en su cadera, en una parte intermedia entre esta y la cintura. La mujer deshizo el nudo de sus brazos y posó ambas manos en los hombros del chico, separando su rostro y tratando de buscar el de Sergio con su mirada.
    
    No podía verlo, no era más que una sombra. Podía ver las cuencas negras de sus ojos y una protuberancia a modo de nariz. Sabía que era su hijo, podía hasta oler su esencia, esa que cada humano tiene de forma individual. Si le hubieran preguntado hacia un minuto, no se hubiera podido imaginar sin querer separarse de un abrazo de su pequeño, pero no quería.
    
    —Feliz Navidad, Sergio.
    
    Descendió su mano por el brazo del joven y acarició su mano antes de soltarla. En un visto y no visto, se escabulló del agarre de su hijo y entró en la habitación aún más oscura que el pasillo. Cerró la puerta tras ella con el pulso agitado y con una mano en el pecho tranquilizándose.
    
    Estaba atorada, ¿Qué le había pasado? El calor de Sergio, notar su cuerpo tan cerca, el amor con el que la abrazaba, había sido demasiado. La oscuridad fue su aliada, le había regalado un gesto de amor hacia el joven que apenas se daba, pensó mientras se relajaba que quizá lo podría repetir.
    
    Sin embargo, la sensación que le embargaba era una mezcla de sentimientos, que no podía explicar. Sentada en la cama los ...
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