Una planea y propone, pero…
Fecha: 13/02/2022,
Categorías:
Infidelidad
Autor: Tita, Fuente: CuentoRelatos
Después de haber tenido mi sesión de amor con Eduardo, quise reponer el tiempo perdido por culpa de la pandemia con mis burros lecheros. Me comuniqué con Pablo a la universidad donde trabaja. Él se mudó desde hace muchos años al norte del país, donde le ofrecieron muy buenas condiciones para continuar su desarrollo profesional, además de las ventajas que tenía su campo profesional en esa región. Nos veíamos al menos un par de veces al año, cuando venía a algún congreso o reunión de trabajo con cierta compañía que lo contrata frecuentemente, también cuando volaba solo a otro país de sur y planeaba en la CDMX el trasbordo para vernos. Desde que nos conocimos supe que él admiraba a mi esposo por lo que conoció de él en sus estudios de posgrado. ¡Qué bueno que yo fui primero!, de lo contrario, un muchacho unos ocho años menor que yo, por muy inteligente que fuera, seguramente se hubiera inhibido al saber que Saúl era mi marido. Lo bueno fue que hicimos el amor muy rico varias veces y ya estaba en mi hato para cuando supo quién era yo.
Quedamos en vernos una semana después ya que casualmente pasaría por aquí para ir a Argentina. Me puse a fantasear en qué nuevas cosas de sexo podría ofrecerle a este sesentón, incluso me puse a hacerle un suéter para que lo usara en el próximo invierno en Buenos Aires, en fin, ¡yo estaba como chicuela enamorada! Eso merecía el festejo de que ya estaba vacunada para ver a mi segundo macho, pero…
En el Facebook vi una invitación a la ...
... presentación de un libro. La anunciaban en un espacio amplio, pero advertían que se debía hacer una reservación pues el aforo sería reducido. Se trataba de un poemario de un prometedor poeta en ciernes, pero lo que me llamó la atención fue que entre los presentadores estaría Othón. “¡Ups, yo quiero ir!” Le dije a Saúl leyéndole el anuncio, y callando lo de Othón, pero me contestó que ese día en la tarde él ya tenía un compromiso en la Facultad para atender a tres tesistas. “Bueno, veré cómo llegar allá”, le contesté si darle mayor importancia.
Mi interés por ir, se debía a que a Othón lo veía con menos regularidad ya que vivía en Baja California y casi siempre que venía a la CDMX lo hacía acompañado de su esposa. De inmediato aparté mi lugar. “¿Vendrás solo a la presentación del miércoles?”, le pregunté en un Whatsapp. Por contestación recibí una llamada telefónica, contesté y me fui a mi recámara. En resumen, me dijo que sólo vendría a eso y que regresaría en el vuelo de la noche. Se trataba de un compromiso por la amistad de él con el autor del poemario, quien consiguió los viáticos. Arregló las cosas para que yo lo recibiera en el aeropuerto y después de “saludarnos”, lo llevara al evento, en donde su amigo se haría cargo del resto de las atenciones.
Ese día, cuando Saúl se fue al deportivo, le recordé que en la tarde iría a la presentación del libro. “No te preocupes, yo comeré en el Club”, dijo como contestación y salí unos minutos después de él. Llegué justo a tiempo, ...